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Los Espejos: supersticiones, mitos, misterios y leyendas

Los Espejos: supersticiones, mitos, misterios y leyendas

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Decían en la antigüedad que los espejos tienen la capacidad de capturar las almas, por lo que deben ser quitados de una habitación donde se encuentra una persona enferma, ya que son más vulnerables en ese momento.

Los psíquicos a su vez recomiendan no mirar un espejo por la noche o con la luz de las velas. Según ellos, si se hace, se pueden ver fantasmas, demonios y presagios de muerte, incluso la propia.

Dicen los espiritistas que durante el sueño se debe cubrir el espejo, ya que es vulnerable a los ataques de los espíritus negativos o demonios durante las horas de oscuridad. Tampoco se debería de colocar la cama en un lugar en la que se refleje en un espejo.

Los entendidos dicen también que, con el fin de evitar que los espejos sean utilizados como un portal por entidades sobrenaturales, se debe mover con frecuencia por las diferentes zonas de la habitación. Los espejos con un soporte sólido colocados en la misma posición durante un largo período de tiempo, son más propensos a convertirse en portales espirituales.

Como verán hay muchas historias, supersticiones, mitos y leyendas en las que se afirma que un espejo es un portal hacia otro mundo, he aquí un poco de estas historias…

Los espejos como utensilios de tocador y objeto manual fueron muy usados en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana. Se elaboraban siempre con metal bruñido, generalmente cobre, plata o bronce y a este proceso se le conoce como plateo.

El espejo, como mueble de habitación, empieza con el siglo XVI pues aunque durante los dos siglos anteriores se citan algunos ejemplares históricos apenas era conocido y su uso era poco corriente. En dicho siglo, se presenta con marco elegante y pie artístico y ocupa lugar distinguido en el salón como objeto movible y de dimensiones reducidas.

Hacia fines del siglo XVII las fábricas venecianas logran construir espejos de gran tamaño y desde entonces sirven como objetos singularmente decorativos en los salones, en los que ocupan un lugar destacado.

Los espejos modernos consisten en una delgada capa de plata o aluminio depositado sobre una plancha de vidrio, la cual protege el metal y hace al espejo más duradero.

El espejo ocupa un lugar importante en la mitología y las supersticiones de muchos pueblos. La imagen que en él se refleja se identifica a menudo con el alma o espíritu de la persona: de ahí por ejemplo que los vampiros, cuerpos sin alma, no se reflejen en él. El espejo se concibe por algunas personas como ventana al mundo de los espíritus. La leyenda urbana de Verónica aprovecha ejemplarmente esta visión.

El espejo ha sido también objeto frecuente de consulta: se le juzga capaz de mostrar sucesos y objetos distantes en el tiempo o el espacio.

Por su capacidad para duplicar la realidad, se los ha utilizado como accesorio para la magia y lo sobrenatural, conocido como cristalomancia y fue practicado por magos de muchas culturas. Las antiguas brujas de Tesalia escribían sus oráculos en espejos con sangre humana. Se cuenta que enseñaron a Pitágoras a adivinar sosteniendo un espejo en dirección hacia la Luna.

Los espejos muy bruñidos y pintados de negro en el lado convexo se consideraban excelentes instrumentos para desarrollar la clarividencia, de forma similar al uso de una bola de cristal.

El espejo roto

Una de las leyendas más difundidas mundialmente que ha promovido este enigmático objeto es la llamada ‘El espejo roto’. Se dice que en Tetbury, una pequeña localidad situada a unos cuarenta minutos de Oxford, Inglaterra, hace muchos años vivía una chica de deslumbrante belleza llamada Mary Ann Sawford. Mary Ann estaba acostumbrada a ser el centro de atención, a donde iba monopolizaba las miradas masculinas y, con una sola mirada, era capaz de hacer que cualquier chico del pueblo cayera rendido a sus pies.

Pero Mary Ann tenía un alma insensible y cruel. Detrás de su rostro angelical había soberbia y una arrogancia sin límites. En su crueldad, Mary Ann encontraba un gran deleite en amargarle la vida a una chica de nombre Elizabeth. La ponía apodos, le hacía bromas denigrantes, la dibujaba, entre otras cosa y durante muchos años.

Un día Mary Ann humilló fuertemente a Elizabeth delante de Robert, el chico que Elizabeth amaba. Esa noche Elizabeth lloró y juró que ya había sufrido demasiadas humillaciones y que era hora de hacer justicia y vengarse de Mary Ann. Quería hacerle algo horrible sin importar las consecuencias…

Tres días más tarde Elizabeth fue arrestada después de lanzar una sartén de aceite hirviendo al rostro de Mary Ann quien sobrevivió, incluso conservó la vista…pero el precio fue muy alto: su rostro angelical quedó tan desfigurado por la severidad de las quemaduras que parecía el de un monstruo infernal, su pecho y su cuello habían quedado en un estado lamentable y había perdido una buena parte de su dorada cabellera.

Dicen que la primera vez que vio su nuevo aspecto estuvo toda la noche gritando y que entró en una crisis nerviosa tan terrible que sus alaridos estuvieron resonando por gran parte de Tetbury hasta casi entrada la mañana. Jamás volvió a ser la misma: se había transformado en un ser traumatizado y atormentado.

Pasaba todo el tiempo encerrada en su casa, no permitía visitas. Cubrió todos los espejos para así evitar mirar su horrendo aspecto. Pasaba horas enteras peinándose el poco pelo que le quedaba mientras se repetía una y otra vez que era la chica más bella del pueblo.

Cierto día, incapaz de seguir aguantando su suplicio, Mary destapó uno de los espejos y al ver su monstruosa imagen, comenzó a gritar, rompió el espejo y luego se cortó las venas con un pedazo de afilado cristal…

Pasados unos días se encontró su cuerpo desangrado encima de los pedazos del espejo. Cuentan que nadie acudió a su funeral, el odio y envidia que había despertado en vida la habían dejado sola en sus últimos momentos.

Con el paso de los años empezaron a nacer extraños rumores en Tetbury: se decía que el espíritu de Mary Ann estaba penando y que hasta se podía invocar. Todo lo que había que hacer era estar solo en casa de noche, escribir el nombre de Mary Ann en un espejo y luego acostarse. Supuestamente a la mañana siguiente encontrarías el espejo roto y verías que tu reflejo había desaparecido para siempre y en su lugar aparecería el rostro quemado de Mary Ann y su espíritu estaría vigilante mientras peinaba su raída melena…

En un comienzo parecía una alucinación pero luego se la veía cada vez más: en el cristal de la ducha, en el vidrio de la ventana, en los sueños… hasta que la persona se enloquecía y terminaba igual que Mary Ann, rompiendo el espejo y cortándose las venas… Dice la leyenda que muchos murieron por esta causa y que la maldición llega hasta nuestros días con el mismo resultado para toda aquella persona que se anime a realizar la invocación…

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