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Los Fantasmas del Museo de Historia

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Los Fantasmas del Museo de Historia
Los Fantasmas del Museo de Historia

Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

La antigüedad del edificio del Museo de Historia de Tenerife, España, data de finales del siglo XVI, era en un principio residencia del escribano público Gaspar Justiniano (de origen genovés), una de sus hijas contrajo

entonces matrimonio con Francisco Lercaro de León, importante comerciante también genovés, que en aquellos momentos era el Teniente General de Tenerife.

Para albergar al nuevo matrimonio, se decide derribar el antiguo edificio familiar y levantar lo que se llamó a partir de entonces, el Palacio de Lercaro. Aunque después tuvo muchos usos: fue carpintería, luego albergue de un destacamento militar y desde 1940 a 1953, se utilizó como anexo de la facultad de Filosofía y Letras. En el año 1976, fue adquirida por el Cabildo Insular de Tenerife que decidió convertirla en el Museo de Historia de la ciudad que quedó abierto al público en 1993.

Los orígenes de la leyenda de los fantasmas del Museo están relacionados con la familia Lercaro. Francisco Lercaro de León tiene una hija llamada Catalina, a la que obliga a casarse con uno de sus amigos, un hombre de avanzada edad, traficante de esclavos (o eso comentan las malas lenguas de entonces) y muy rico. Catalina, que no estaba dispuesta a ese matrimonio, se quitó la vida el día de su boda arrojándose a un pozo de agua situado en el patio trasero de la casa.

La negativa de la Iglesia a enterrar a Catalina en lugar sagrado, puesto que se había suicidado, hizo que fuera sepultada bajo uno de los patios de su propia casa. Al poco tiempo empezaron los fenómenos extraños, ya que el servicio de la casa comenzó a ver sombras y escuchar ruidos. Posteriormente una de las doncellas, al ir a limpiar la alcoba de Catalina, la encontró recostada en la que fuese su cama. Otra de las jóvenes sirvientas, una mañana al ir al pozo a sacar agua, se encontró con que el líquido era todo rojo y que detrás de ella estaba el espectro de Catalina.

La vergüenza por la no celebración de la boda y los comentarios que se empezaron a levantar por la ciudad hicieron que la familia Lercaro dejara su residencia en La Laguna y se trasladaran a vivir a otra que tenían en La Orotava.

En la nueva residencia de la familia no hubo apariciones del fantasma, aunque el espectro siguió y sigue vagando por lo que fuera su casa, hoy convertida en Museo, según cuentan quienes lo visitan o trabajan allí.

Uno de los cuidadores narró por ejemplo que, “una mañana no había nadie en la sala de didáctica. De pronto se oyó un ruido y la puerta se cerró, se podría pensar que fue el viento, pero lo más misterioso es que estaba cerrada por dentro con llave, sin haber nadie en el interior de la habitación. Tuvimos que entrar por una ventana, la cual forzamos y abrir la cerradura. Aquí pasan cosas muy raras”.

Los Fantasmas del Museo de Historia
Los Fantasmas del Museo de Historia

Otro de los empleados del museo dijo también que, “cierto día ya nos íbamos, solo faltaba subir unas vigas al piso de arriba, así que las cogí y me las cargué al hombro, el director había cerrado todas las puertas y colocado un tablón para reforzarlas, así que tenía que dejar el material en el suelo y abrir de nuevo todas las puertas, mientras lo hacía, muy enfadado y maldiciendo mi suerte, las puertas se abrieron todas a la vez con tanta fuerza que hasta el tablón que las sujetaba salió disparado”…

Un administrativo narra con horror que, “nos encontrábamos en la recepción un vigilante de seguridad, una señora de la limpieza y yo cuando, de repente, los tres oímos un gran estruendo en el piso de arriba, creímos que una de las pesadas vitrinas había caído al suelo, pero para nuestra sorpresa, cuando subimos, todo estaba en perfecto orden”.

Un miembro de seguridad que lleva varios años trabajando en el museo, se considera escéptico, pero confiesa que allí ocurren cosas a las que no es
posible encontrar explicación. Por ejemplo, en ocasiones mientras realiza su ronda, siente como la temperatura del lugar sube y baja rápidamente sin que pueda encontrar una razón para que esto suceda.

Un estudio hecho por un parapsicólogo, que también incluyó a una médium que no conocía la leyenda, explica que nada más entrar al Museo la mujer se dirigió a lo que en tiempos pasados fue el granero, allí empezó a notar que en esa estancia se sentía mucho dolor y notaba la presencia de tres personas. De allí pasó a la antigua cocina y se sintió morir, por lo que hubo que sacarla del edificio. Cuando se recuperó dijo que en esa habitación habían torturado a una muchacha, quemándole los brazos. Lo cierto es que de este hecho no hay constancia de que sucediera…

Cuando se realizaron las obras de remodelación del edificio, uno de los obreros confesó que durante dichas obras se encontraron los restos de tres personas, enterradas cerca de la entrada principal. El arquitecto negó rotundamente el hecho y quedó olvidado… pero el rumor sirvió para agrandar la leyenda…

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