Los niños Illfurt

En la ciudad de Illfurt en el año 1864 una familia comenzó a vivir una verdadera pesadilla con hechos que fueron considerados por expertos como manifestaciones demoníacas. Fue un caso muy famoso en su época por los sucesos que tuvieron lugar durante cinco años en que una familia fue acosada por seres del más allá. El hecho conmocionó a todos en su época e incluso sobre el episodio se escribió un libro titulado “El diablo. Sus palabras y sus actos en los endemoniados de Illfurt, Alsacia; según documentos históricos”, escrito por el Padre Sutter en Turín, 1935).

Los sucesos se dieron por muchos meses y en 1867 se autorizó que se les realizara a los niños que sufrían el ataque, un exorcismo. A los niños poseídos se les llamó desde entonces los endemoniados de Illfurt (Alsacia)
Los dos niños protagonistas de esta historia eran hijos de los Burner, que tenían otros tres hijos. Los supuestos poseídos se llamaban Teobaldo y José y apenas tenían 9 y 8 años respectivamente en 1864.
Teobaldo dijo ver al menos treinta veces a un espíritu al que consideraba su maestro, pero no era un ser físicamente humano, sino una imagen con patas de gato, pezuñas de caballo, pico de pato y cuerpo de plumas. Al parecer el fantasma sobrevolaba al chiquillo amenazándole con estrangularle y el niño, tratando de defenderse, se lanzaba y luchaba contra él ante los ojos atónitos de los espectadores que sólo lo veían a él. Lo que les hizo creer a los demás que la visión era real, aunque ellos no pudieran verla, es que el chiquillo capturaba plumas del cuerpo de su visitante que luego los espectadores veían, tocaban, olían (echaban una peste fétida) e incluso trataban de quemar sin éxito.
Las similitudes con otros exorcismos al menos calificados como tal fueron las siguientes: una voz hablaba desde ellos sin necesidad de que movieran su pequeña boca, una voz adulta, masculina, que soltaba improperios contra lo más sagrado y se reía del efecto que sus poderes hacían sobre el personal, como inundar la habitación de un calor sofocante que era insoportable incluso en el más crudo invierno.
También producía en los cuerpecitos de los niños bultos terribles, con movimientos horrorosos haciendo de sus estómagos una visión traumática. Cuentan que se hinchaban hasta el límite y vomitaban espuma, musgo y plumas, cubriendo la habitación del olor fétido de las plumas sucias.
A veces unía las piernas de los chiquillos como si tuvieran cemento y nadie tenía la fuerza suficiente como para separarlas.
Tenían una rapidez nunca vista y eran capaces de girarse en cuestión de segundos como si estuvieran accionados por un motor a propulsión, de forma que sus giros asustaban y sorprendían a la gente, y también demostraban momentos de rabia y enfado golpeando a destajo todo lo que había ante ellos, sin notar cansancio aunque se pasaran horas haciéndolo.
Los chiquillos hablaban y entendían todo tipo de lenguas, latín, inglés, francés, dialectos españoles…  Además mostraban conocimiento de lo que pensaban los demás o descubrían dónde había objetos ocultos, o incluso se permitían el lujo de avisar de la muerte de alguien del pueblo con el consiguiente estupor de los familiares. También les hacían partícipes de acontecimientos pasados que todos desconocían. Para enojar a los espectadores solían descubrir sus más oscuros secretos poniéndolos en evidencia.
Los cuerpos poseídos reaccionaban ante el agua bendita con furor y cuando la monja que les alimentaba dejaba caer un agota de agua bendita en sus platos desde otra habitación para no ser vista, los niños miraban el plato y se negaban a comer.
Además sus cuerpos, yacidos o sentados, se elevaban por manos invisibles.

Los sucesos acontecieron ante unas cien personas entre las que se encontraba gente seria y culta que no daba crédito a sus ojos. Los más incrédulos barajaron cientos de hipótesis pero jamás negaron lo que vieron.

Otros hechos que sucedieron en este caso particular fueron los siguientes: Cuando trataron de colocarle a José una cruz, ésta se retorció en forma de equis. El primero de los niños en aceptar el exorcismo y librarse el espíritu que le poseía fue Teobaldo y no reconoció a las personas que le estuvieron observando. Volvió a casa y se comportó como un niño cualquiera y no recordaba nada de lo sucedido. Ese mismo mes del año 1869 exorcizaron definitivamente a José…

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