¡Maracanazo!

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Brasil 1950
Brasil 1950

El campeonato del mundo de 1950 es uno de los más recordados de la historia, por la inigualable hazaña de Uruguay que derrotó a Brasil 2 a 1 luego de ir perdiendo 1 a 0 en el mismísimo Maracaná repleto de 200,000 personas…

Durante la II Guerra Mundial, el Vicepresidente de la FIFA, el

italiano Ottorino Barassi, escondió el trofeo de la Copa Mundial en una caja de zapatos debajo de la cama y así evitó que cayera en manos del ejército de ocupación.

La India se retiró de la competición porque la FIFA no permitió que el equipo jugara descalzo. Así las cosas, sólo trece selecciones participaron en la fase final. La Copa Mundial volvió a celebrarse y Uruguay se alzó con la victoria en “la final más emocionante de la historia”.

La competición se organizó en forma de liguilla y Brasil, España, Suecia y Uruguay quedaron como últimos contendientes al título. En el encuentro con Uruguay, Brasil necesitaba únicamente un empate para alzarse con el trofeo, pero perdió por 2-1 ante la hinchada de 174.000 espectadores que se dieron cita en el estadio carioca de Maracaná.

El primer congreso de la FIFA tras la II Guerra Mundial, celebrado en Luxemburgo, adquirió importancia histórica por diversas razones. En primer lugar, porque rindió tributo al Presidente de FIFA, quien durante los años de guerra había intentado mantener vivo el espíritu del fútbol por todos los medios que el cargo ponía a su alcance. En su honor el trofeo recibió el nombre de “Copa Jules Rimet”. Además, el congreso anunció la vuelta de las asociaciones de fútbol británicas, ausentes desde 1929. No obstante, la responsabilidad de organizar la siguiente Copa Mundial prevista para 1950, recayó en la Confederación Brasileña de Deportes, cuya selección había causado buena impresión durante el Mundial de 1938.

Brasil 1950
Brasil 1950

La organización del Mundial en el Maracaná de Río de Janeiro y en otras ciudades de Brasil abrió una nueva era para la competición, doce años después del Mundial de Francia.

El fútbol se había hecho tan popular en Brasil que se decidió construir un nuevo estadio con capacidad para 220.000 espectadores en las afueras de Río de Janeiro. Las obras empezaron el 2 de agosto de 1948 y el 24 de junio de 1950 se inauguró oficialmente, aunque en realidad tenía toda la pinta de ser un estadio en obras y le faltaba la tribuna de prensa. Sin embargo, el campo estaba listo para recibir a los trece equipos clasificados para la fase final. Las selecciones se repartieron en cuatro grupos: dos grupos con cuatro equipos cada uno; un grupo formado por tres equipos y otro grupo con dos.

Una nación en apoyo de su selección

Después de una fácil victoria frente a México (4-0), la selección brasileña, ante la sorpresa de todo el mundo, empató (2-2) con Suiza. Yugoslavia, que había ganado los dos primeros encuentros disputados, sólo necesitaba empatar con Brasil para pasar a la siguiente ronda. Pero, ante los 150.000 enfervorizados hinchas que ocupaban el estadio de Maracaná, Brasil se alzó con la victoria (2-0). Así fue como Brasil se clasificó, junto a otras tres selecciones (España, Uruguay y Suecia), no para las semifinales, sino para una serie de partidos de todos contra todos, en los que la gran sorpresa fue la ausencia de Inglaterra e Italia.

Brasil 1950
Brasil 1950

Tras una semana de descanso, la selección brasileña salió a ganar el título. Primero aplastó a Suecia (7-1) y después a España (6-1). A nadie le cupo la menor duda de que Brasil estaba en racha y de que esos impresionantes resultados iban a repetirse en el encuentro contra Uruguay, una selección que, tras haber empatado con España, contaba con sólo tres puntos en su haber (se contabilizaban las victorias con 2 puntos). De manera que Brasil sólo necesitaba un empate para proclamarse campeón del mundo.

En un estadio lleno hasta la bandera, Brasil inauguró el marcador a los pocos minutos de la segunda parte, con gol de Friaza Los uruguayos igualaron el marcador por medio de Juan Schiaffino y, lejos de sentirse acobardados por la hinchada brasileña, cuando sólo faltaban once minutos para el final del encuentro, marcaron el gol de la victoria por parte de Alcides Ghigghia. Brasil perdía “su” Copa Mundial. En cuestión de segundos, toda la nación quedó desconsolada. Tanto fue así que incluso las autoridades brasileñas se olvidaron de entregarle la Copa, símbolo de su victoria, a la selección uruguaya.

Jules Rimet descendió al campo de juego con la Copa del Mundo en sus manos, estuvo a punto de dársela al capitán brasileño, ya que no estaba enterado del segundo tanto charrúa, pero Obdulio Varela, advirtió el desconcierto fue a buscarla.

La banda de música que tocaría el himno brasileño (seguro vencedor) no estaba, el podio no había sido colocado y hasta los policías de custodia que acompañarían a Jules al podio estaban llorando. Años más tarde recordando ese momento de desconcierto Jules Rimet, dijo: “Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Al término del partido yo debía entregar la copa al capitán del equipo campeón. Una vistosa guardia de honor se formaría desde el túnel hasta el centro del campo de juego, donde estaría esperándome el capitán del equipo vencedor (naturalmente Brasil). Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido (estaban empatando 1 a 1 y el empate clasificaba campeón al equipo local). Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador dominaba el estadio. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer. En el tumulto terminé por descubrir al capitán uruguayo, Obdulio Varela, y casi a escondidas le entregué la copa, estrechándole la mano y me retiré sin poder decirle una sola palabra de felicitación para su equipo… ”.

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