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Más vale maña que fuerza
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Más vale maña que fuerza

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Tab Machado
Tab Machado

El arte de despertar la curiosidad o el interés por algo es, sin duda, una de las claves principales para atraer o seducir al público que se quiera conquistar. En un curso de marketing y ventas que tuve la oportunidad de realizar hace muchos años atrás, nos dijeron que uno es vendedor perenne de todo en la vida, solo que muchas veces no se da cuenta que lo hace o le pone otro nombre a la acción.

Nos decían en aquel curso que uno vende, traspasa, negocia, transfiere (todos sinónimos de venta) no solo en el área comercial propiamente dicha, sino que también lo hace por ejemplo al tratar de agradar a los demás, cuando trata de imponer sus ideas, al conquistar una pareja, etc. y que aquellos que triunfan en la vida es porque han hecho un muy buen marketing de sí mismo y de las cosas que tiene que ofrecer. En una palabra, como lo dije al inicio, esas personas han logrado dominar el arte de despertar la curiosidad o el interés de los demás sobre sus  cosas y eso hace la diferencia entre el éxito o el fracaso.

Es como la historia del famoso empresario y filántropo Andrew Carnegie que recibió una mañana una llamada de su cuñada que preocupada le decía que, por más que lo intentaba, le era imposible conseguir que sus dos hijos, que cursaban estudios en la universidad de Yale, contestaran a las muchas cartas que les escribía.

Carnegie, para tratar de tranquilizarla ya que ella estaba convencida de que les había ocurrido algo malo, le aseguró que él podría conseguir que atendieran a sus requerimientos en menos de un mes. Ante la incredulidad de su cuñada, apostaron cien dólares a que conseguiría una respuesta a su carta sin necesidad de pedirla expresamente.

Curtido por una larga carrera empresarial, Andrew Carnegie era un hombre de muchos recursos y poderoso ingenio. Lo que hizo fue, precisamente, acudir a este último para escribir una breve nota a sus sobrinos en la que, tras la firma, indicaba que había incluido en el sobre dos billetes de cinco dólares para sus gastos.

Por supuesto, el industrial no envió ningún dinero junto a la carta. Por ello prontamente recibió respuesta de sus dos sobrinos, dando cuenta de su vida y agradeciendo el gesto de su tío, a la vez que reclamaban el dinero extraviado…

Con esta idea tan sencilla, Andrew Carnegie no solo consiguió tranquilizar a su preocupada cuñada, que al fin obtuvo noticias de sus díscolos hijos sino que demostró que, la mejor manera de obtener una respuesta satisfactoria, es despertar la curiosidad y el interés de quien se encuentra al otro lado.

Muchas veces lo que ofrecemos es bueno, pero si no logramos despertar interés en los demás sobre nuestros bienes y/o virtudes, jamás lograremos avanzar hasta donde nos hemos propuesto. Por eso mejora tu estrategia, de nada sirve tirar 100 golpes a tontas y a locas, mejor es dar un gancho preciso y certero para que la cuenta llegue a diez…

 

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