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Melancolía…

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Tab Machado

Sus ojos esta­ban fijos en mi… supli­can­tes, anhe­lan­tes, mien­tras su mano ate­na­zaba la mía con gran inten­si­dad, aun­que ya sin fuerza, tal cual fuese el último cabo de un barco ama­rrado en el puerto, que soporta la más feroz de las tor­men­tas y se va deshi­lachando…

Como expli­car esos últi­mos minu­tos de la vida de mi padre… en los que el mundo se  detuvo y tan solo con mira­das nos diji­mos más de lo que jamás habla­mos… Es difí­cil de expli­car la sen­sa­ción de paz y de dolor que embargó mi alma y lo que esos minu­tos cam­bia­ron mi vida para siempre.

Mi padre  había deci­dido, un tiempo antes, jugar su des­tino en una ope­ra­ción quirúr­gica (que nunca llegó a tiempo) y para tal momento, dijo, quería estar cerca de mí… Y ahora está­ba­mos allí, al borde de la última fron­tera, en la ante­sala de un

 

viaje de los que no tie­nen retorno, sin más diá­logo que el de mirar­nos a los ojos y el calor de las manos que querían ate­so­rar un poco más de tiempo para decir­nos, con ges­tos, todo lo que quizás no se pudo o no se tuvo tiempo…

Fue hace casi 15 años… exac­ta­mente, un 4 de noviem­bre, en el que entendí que la vida es tan solo un soplo, un del­gado cris­tal que se rompe cuando uno menos lo espera y que, cuando eso pasa, ya no hay más tiempo de nada… solo que­dan recuer­dos y fra­ses suel­tas que se aco­mo­dan al lado de un retrato que ya no tiene voz… en ese ins­tante entendí lo impor­tante de no guar­darse nada aden­tro, de vivir con los senti­mien­tos a flor de piel para que los demás sepan cuanto los res­pe­tas y quie­res, sin que te falte tiempo para decirlo… Por eso quizás hoy, como nunca, entiendo uno de los poe­mas de mi padre que decía:

Todo es efí­mero, pequeño, fugaz…

La son­risa o el llanto de un niño,

El vuelo de un pájaro…

El pre­sente… ¿Quizás?

Todo es efí­mero, pequeño, fugaz…

El amor del hombre,

La noche y el día,

La vida… ¿Quizás?

Todo es efí­mero, pequeño, fugaz…

El tiempo que pasa,

El espa­cio infinito…

La muerte… ¿Quizás?

 

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