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Miremos hacia adentro…
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Tab Machado
Tab Machado

La vida nos ofrece cada año en este tiempo la posibilidad de dar una mirada retrospectiva a nuestra malgastada vida espiritual. La constante necesidad de fijar nuestra atención en el aspecto material para buscar el sustento de la familia nos aparta, sistemática e inexorablemente, del camino de la vida espiritual, exaltando permanentemente nuestro aspecto más oscuro que es el individualismo y el egoísmo. En un tiempo que es más fácil dividir o restar que sumar, tomar para si en vez de dar, mentir mas que decir la verdad y ofender mas que perdonar, tomar un poco de aire y reubicar nuestro meridiano emocional y espiritual, es todo un reto que deberíamos asumir durante el período de reflexión que nos impone la Pascua…

Por eso, si no queremos centrar nuestros objetivos únicamente en las cosas materiales de éste mundo, debemos buscar un momento de reflexión que nos reencause en las metas y objetivos espirituales. Para eso es esencial que veamos claro que en la vida no sólo se vive para comprar cosas y atiborrarnos de bienes materiales sino que, muy por el contrario, las cosas que llenan plenamente nuestra existencia no se pueden comprar… porque no tienen precio.

Cuenta una historia que un hombre iba a toda prisa por el Camino de la Vida, mirando por todas partes y buscando. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó: “Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?”…

El anciano, encogiéndose de hombros le contestó: “Depende del tipo de cristiano que ande buscando”. “Perdone- dijo contrariado el hombre-, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay. Sólo conozco a Jesús”. Y el anciano añadió: “Pues sí amigo, hay de muchos tipos y maneras y también para todos los gustos: hay cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia y cristianos auténticos”…

“¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad!”, exclamó el hombre emocionado.

“¡Vaya! (dijo el anciano con voz grave) Esos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted”.

“¿Cómo podré reconocerle?”, pregunto entonces el hombre y el anciano contestó tranquilamente: “No se preocupe amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas”…

Es tiempo de pascua, es tiempo de reflexión, procuremos “ver hacia adentro” y avivar nuestra llama espiritual, pues así las trivialidades y preocupaciones de la vida no podrán apartarnos del buen camino…

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