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Miserias del alma

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Tab Machado

Muchas veces me pregunto, al iniciar esta columna semanal, que palabras emplear para hacer un llamado a la conciencia del ser humano acerca de cambiar el modelo individual y egoísta que ha ido creando para vivir en la tierra.

El tema es que todas las palabras se me hacen huecas y carentes de sentido cuando uno ve la profunda paradoja en la que vive inmerso el hombre… La mayoría dice que ama y sigue las enseñanzas de un Dios que es amoroso, justo, bueno y equitativo, pero cuando interactúa con los de su propia especie no vacilan en sacarles ventaja o demostrarles el tradicional: “yo si puedo pero tú no”.

Muchos se dicen cristianos, concurren a las iglesias, se golpean el pecho en referencia a su fe, pero casi ninguno sigue el principal precepto de Jesús: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Si lo hicieran, mágicamente el mundo cambiaría y la sincronía de la vida adquiriría nuevo sentido.

Hay gente que se cree con derecho a juzgar a los demás, resaltar sus errores y defectos con soberbia y altanería, sin detenerse a pensar tan siquiera un momento en sus propias vidas. Son jueces y verdugos de sus semejantes, sancionándolos con el cayado de su arrogancia, sin aceptar que se les haga una crítica, dado que ellos son perfectos, únicos y especiales…

A estas personas, carentes de humildad, les encanta ventilar los problemas de los demás, dar consejos, juzgar comportamientos y decir cómo deben resolverse las dificultades ajenas o el conducirse en la vida, pero no aceptan que nadie se meta en sus asuntos, siendo furibundos defensores de su intimidad y escondiendo muy celosamente sus propias miserias…  A estas personas les queda  muy bien el viejo dicho que dice: “haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”…

Están también aquellos que les gusta que los sirvan, pero no servir y los que les gusta recibir ayuda y atención de los demás, pero no darla. Finalmente en este recuento no me puedo olvidar de los que les encanta mostrarse cuando dan algo de lo que les sobra y tocan fanfarria delante di si para que todos se enteren… de cierto, como dice la Biblia, esos ya tienen su propia recompensa…

Vuelvo a lo del principio… ¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Qué palabras expresar para despertar las conciencias? Nadie es perfecto, eso es cierto, pero si cada uno de nosotros empezara a cambiar tan solo una actitud de las miles que tenemos para con los demás, haciendo con nuestro semejante lo que queremos para nosotros mismos ¡Cómo y cuánto cambiaría el mundo!

Lamentablemente sé que eso es imposible porque  no hay voluntad de cambio y, en todo caso, el ser humano va a preferir siempre primero recibir para luego ver que es lo que le conviene dar…  Así vamos en este magullado mundo donde el macrocosmos y el microcosmos del hombre son hoy…miserias del alma…

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