Miserias del alma

El mundo está tan revuelto, loco, contradictorio y superficial que a veces me da miedo abrir la cortina de la ventana de mi casa y que por allí se cuelen en tropel todos los desatinos y barbaridades que realiza el ser humano para saciar su infinita sed de individualismo patológico.

Es que la humanidad se ha ido convirtiendo en una gran antinomia o contradicción general, que es difícil poder asimilar o entender: queremos vivir en sociedad solo para satisfacer nuestro ego, nos reunimos con familiares y amigos en fiestas y celebraciones para estar en silencio y embelesados frente a las pantallas de los teléfonos. Hay gente que dice ayudar al prójimo pero solo se ayuda a sí mismo, las religiones son para confortar el espíritu pero lo primero que buscan es llenar su bolsillo. Las organizaciones sociales dicen formarse para ayudar al necesitado pero, si ellos dejan de necesitar entonces estas entidades dejarían de tener razón de existir, por lo que todo se posterga indefinidamente.

En el tema político el mejor ejemplo lo dio Carlos Gaviria, un abogado, profesor universitario, magistrado y político colombiano (1937-2015) quien dijo en cierta ocasión: “cuando un candidato (a un puesto de elección) invierte millones en su campaña, no es un candidato, es un empresario” y, como tal, “solo pensará en sacar lucro y en lo que menos pensará será en la gente” (clarito ¿no?).

Y, fíjese Usted, para terminar este panorama caótico, incoherente, contradictorio y discordante, en el reciente mundial de fútbol de Rusia 2018 vivimos una nueva antinomia o contradicción de la sociedad humana de hoy: los países no quieren inmigrantes en sus tierras, sin embargo 3 de las 4 selecciones que llegaron a la final nutrieron sus planteles precisamente con inmigrantes, esos que no quieren recibir pero que si usan para gloria de sus naciones…

La constante contradicción que vemos entre lo que la gente dice y hace, sin una mísera señal de sentido común que nos lleve a cambiar el rumbo en el que vamos, hace que la sociedad humana se vea hueca, estéril, ilusoria y carente de sentido, al igual que la profunda paradoja en la que vive inmerso el hombre.

¿Qué decir? ¿Qué hacer? ¿Qué palabras expresar para despertar las conciencias? Nadie es perfecto, eso es cierto, pero si cada uno de nosotros empezara a cambiar tan solo una actitud de las miles que tenemos para con los demás, haciendo con nuestro semejante lo que queremos para nosotros mismos ¡Cómo y cuánto cambiaría el mundo!

Lamentablemente sé que eso es imposible porque no hay voluntad de cambio y, en todo caso, el ser humano va a preferir siempre beneficiarse hasta el hartazgo antes que favorecer al prójimo.  Así vamos en este magullado mundo donde el macrocosmos y el microcosmos del hombre son, tan solo, miserias del alma…

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