Mitos y leyendas de Chile
0

Mitos y leyendas de Chile

0
0

La mitología chilena es abundante y acá le traemos una selección de algunos de sus mitos y leyendas más conocidos. Iniciamos con la leyenda de la Lola. La Lola es un personaje que forma parte de la mitología de una amplia zona geográfica, pues su leyenda se registra en Antofagasta, Santiago, O’Higgins y Colchagua.

En la provincia de Antofagasta, en la época de los descubrimientos, fue muy conocida una bella mujer llamada Lola. Su padre vivía para cuidar a su hija y distanciarla de sus enamorados.

La Lola sembraba ilusiones y desengaños en los hombres y mucha envidia entre las mujeres. Un día conoció a un hombre del que se enamoró, pero él amaba a otra mujer así que ella, al sentirse desplazada, se puso muy celosa. Fue así como una noche se dirigió descalza y silenciosa a la habitación donde dormía el hombre y lo mató con un puñal. Después huyó a los cerros dando gritos y alaridos. Al tiempo regresó al poblado, víctima de la locura, solo sabiendo reír, hasta que murió. Desde entonces dice la leyenda que la Lola y su espíritu vengativo recorren los cerros del lugar.

La Añañuca. Esta leyenda es sobre el nombre de una flor típica de la zona norte de Chile, que crece entre Copiapó (Región de Atacama) y el valle de Quilimarí (Región de Coquimbo). Pocos saben que su nombre proviene de una triste historia de amor.

Cuenta la leyenda que en tiempos previos a la Independencia de Chile, en la localidad de Monte Patria, vivía Añañuca, una bella joven indígena que todos los hombres querían conquistar, pero nadie lograba.

Un día llegó al pueblo un minero que andaba en busca de un tesoro. Al conocer a Añañuca, surgió el amor entre ambos, por lo que decidieron casarse.
La pareja fue feliz durante un tiempo, pero una noche, el joven tuvo un sueño donde un duende le revelaba el lugar en donde se encontraba la mina que por tanto tiempo buscó. A la mañana siguiente, sin avisarle a nadie, ni siquiera a su mujer, partió a buscarla.

Añañuca, desolada, lo esperó y esperó, pero pasaban los días, las semanas, los meses y el joven minero nunca regresó.

Se dice que éste habría sido víctima del espejismo de la pampa o de algún temporal, causando su desaparición y, presuntamente, su muerte.

Añañuca pronto murió, producto de la gran pena de haber perdido a su amado. Fue enterrada por los pobladores en pleno valle en un día de suave lluvia. Al día siguiente, salió el sol y todos los vecinos del pueblo pudieron ver un sorprendente suceso. El lugar donde había sido enterrada la joven se cubrió por una abundante capa de flores rojas.

Desde ese momento, se asegura que esta joven se convirtió en flor, como un gesto de amor a su esposo, ya que de esta manera permanecerían siempre juntos. Así fue que se le dio a esta flor el nombre de Añañuca.

La Calchona: cuenta la historia que un matrimonio vivía sin problemas en el campo, junto a sus dos hijos. Sin embargo, la familia no sabía que la mujer era bruja y que en su hogar escondía varios frascos con unas cremas que, al aplicarlas sobre su cuerpo, le permitían transformarse en el animal que ella eligiese. Todas las noches realizaba el rito de colocarse los ungüentos y salir a pasear por los campos. En la mañana regresaba, se aplicaba sus cremas y volvía a recobrar la forma de madre.

Así pasó el tiempo, hasta que un día sus hijos la vieron e, imitando a su mamá, se pusieron las cremas transformándose en múltiples animales. Pero cuando quisieron volver a ser niños, no supieron cómo, y convertidos en animalitos se pusieron a llorar. El padre despertó con los sollozos de los hijos, pero su sorpresa fue enorme, pues en lugar de verlos a ellos encontró solamente pequeños animales. Con inteligencia, logró encontrar el frasco con la pócima indicada y consiguió que los niños se transformaran nuevamente en niños pero, para evitar que les volviera a ocurrir lo mismo, tomó las cremas y las botó en las aguas de un río.

La madre, convertida en oveja negra, regresó a su casa, comenzó a buscar sus cremas por todos lados y, como no pudo encontrarlas, quedó para siempre convertida en ese animal. Por eso, cuando se siente balar una oveja negra que vaga de noche sola por los campos, los campesinos saben que se trata de la Calchona. Todos acostumbran dejarle un plato de comida para que se alimente, ya que es totalmente inofensiva.

El Imbunche: Se dice que cuando los brujos necesitan de un cuidador para su cueva, raptan al primogénito de alguna familia. También se cree que muchas veces es el mismo padre quien vende al niño o lo regala, a cambio de favores de parte de los brujos. Este niño es el Imbunche (también conocido como Ivunche, Invunche, Machucho o Chivato de la Cueva), a quien los hechiceros deforman quebrándole una pierna, la que luego le tuercen sobre su espalda. También le doblan la cabeza hacia atrás y sus orejas, boca, nariz y dedos son torcidos igualmente. Además, le aplican sobre su espalda un ungüento que le hace crecer un pelo grueso.

Para caminar se apoya en su pierna buena y en sus dos brazos y manos, por lo que se dice que anda en tres patas. El Imbunche no puede hablar y sólo emite sonidos guturales parecidos al balar de un chivo. Conjuntamente, los brujos le parten la lengua en dos, para que no pueda revelar los secretos de su secta. Existen historias sobre imbunches que lloran bajo la luna, como si recordaran a su familia.

Durante el período de lactancia es alimentado con leche de gata. Después con carne de cabrito y, a partir de la juventud, de carne de chivo. Los alimentos deben serle servidos sólo por los brujos. Su función es proteger la entrada de la Cueva de los Brujos, participar en algunos rituales y arbitrar como un patriarca en algunos juicios.

Si bien debe permanecer en su puesto, en ocasiones el Invunche sale, cuando escasea el alimento o cuando los brujos lo utilizan a larga distancia para aquellos que se atreven a interponerse en el camino de los hechiceros.

Las Tres Pascualas: A fines del siglo XVIII, en Concepción vivían tres hermanas, a quienes se las conocía como las tres Pascualas. Como era su costumbre lavar juntas la ropa en una laguna cercana a su hogar, se las veía frecuentemente en esta labor.

Una tarde, algunas mujeres encontraron sus cadáveres flotando en el agua. ¿Qué había pasado? Según se cuenta, las hermanas se enamoraron del mismo hombre, quien las sedujo y, luego, las abandonó. Desesperadas, ellas decidieron terminar con sus vidas y se arrojaron a la laguna.

Inexplicablemente, se formó un gran remolino y las aguas, furiosas, se desbordaron. Cuando la quietud volvió, la laguna tomó la forma de la luna en cuarto menguante. Desde entonces, los lugareños cuentan que algunas noches suelen ver lavando a las tres Pascualas.

Otra versión de la leyenda dice que a la casa donde vivían con su padre habría llegado a hospedarse un forastero. El hombre se enamoró de las tres muchachas y cada una, en secreto, le correspondió su amor. Sin embargo, él no supo a cuál de las tres escoger, así que las citó a la laguna en la noche de San Juan. Las esperó sentado en un bote y cuando vio su reflejo, desesperado, comenzó a gritar: ¡Pascuala!… ¡Pascuala!… ¡Pascuala! Las tres creyeron ser las elegidas, entraron en la laguna y se ahogaron. Desde entonces, se dice que en las noches de San Juan, en la laguna aparece un bote y se escucha una voz angustiada que llama a las muchachas.

 

 

 

 

 

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *