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Momento de reflexión…

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Tab Machado

Diciembre sigue siendo, a pesar de las desventuras económicas actuales, un mes especial, mágico, en el que todos se sensibilizan y ven “diferente” al mundo, un mes en el que todo encuadra perfectamente y el ser humano deja fluir su alma para conectarse con el mundo espiritual.

Diciembre nos enseña como deberíamos ser los once meses restantes del año…sin embargo esa magia solo aparece repentinamente a medida que se acerca Navidad y desaparece misteriosamente a mediados de enero sin una explicación lógica, sepultando sensaciones y buenos augurios, unión y solidaridad, bajo el manto de indiferencia e individualismo que cada vez se hace mas evidente en la sociedad actual.

Varias preguntas surgen sobre este fenómeno que es digno de ser estudiado por los sociólogos y psicólogos de todo el mundo: ¿Por qué el ser humano es capaz de contagiarse con el espíritu navideño y conectarse con sus semejantes de una manera especial durante un mes y no es capaz de mantener eso todo el año? ¿Realmente existe ese espíritu en diciembre y en Navidad o es solo parte de una gran tradición que se debe de seguir cumpliendo pero no se siente en el corazón? y, si realmente se siente… ¿porque desaparece durante los once meses restantes?

Muchas preguntas para muy pocas respuestas… lo que si queda claro es que, si Navidad es el tiempo de dar vida, regalar, compartir y sembrar a nuestro alrededor signos de esperanza, debemos de intentar mantener este espíritu los doce meses del año y hacer del mundo un lugar mejor para vivir. Ese es el mejor homenaje que les podemos hacer a Dios y a Jesús…

Un cuento navideño narra que los ángeles curiosos se sientan en diciembre al borde de las nubes a escuchar los pedidos que llegan desde la tierra.

“¿Qué peticiones hay para este año?”, preguntó un ángel recién llegado a otro.

“Lo de siempre: amor, paz, salud y felicidad… Todas esas son cosas muy importantes, lo que pasa es que hace siglos que escucho los mismos pedidos y, aunque el tiempo pasa, los hombres no parecen comprender que esas cosas nunca van a llegar desde el cielo, como un regalo”, contestó el ángel más viejo.

“¿Y qué podríamos hacer para ayudarlos?”, dijo el más joven y entusiasta de los ángeles.

“¿Te animarías a bajar con un mensaje y susurrarlo al oído de los que quieran escucharlo?” preguntó el anciano.

Tras una larga conversación se pusieron de acuerdo y el ángel joven se deslizó a la tierra convertido en susurro y trabajó duramente mañana, tarde y noche, hasta 1os últimos minutos de la Navidad.

Ya casi se escuchaban las doce campanadas y el ángel viejo esperaba ansioso la llegada de una plegaria renovada… entonces, luminosa y clara, pudo oír la palabra de un hombre que decía: “La navidad ya esta acá y un nuevo año se avecina…por lo que, a partir de este momento, empecemos a recrear un mundo distinto, un mundo mejor: sin violencia, sin armas, sin fronteras, con amor, con dignidad; con menos cárceles y más escuelas, con menos individualidad y mas solidaridad. Unamos nuestras manos y formemos una cadena humana de niños, jóvenes y viejos, hasta sentir que un nuevo calor va pasando de un cuerpo a otro: el calor del amor, el calor del espíritu que tanta falta nos hace… Si queremos, podemos conseguirlo, y si no lo hacemos estamos perdidos, porque nadie más que nosotros podrá construir nuestra propia felicidad…”.

Desde el borde de la nube, allá en el cielo, los ángeles sonreían satisfechos y encendían una llama de esperanza para la humanidad…

Si realmente sientes que te invade en esta época el espíritu navideño recuerda a aquel que dijo una frase muy sencilla pero que encierra la verdad universal: “amaos los unos a los otros como yo los he amado”. Si aplicamos esta frase los doce meses del año al final del 2012 habremos logrado comenzar a cambiar la historia de la humanidad… feliz Navidad…

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