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Nada que temer…

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Tab Machado
Tab Machado

La experiencia es un don maravilloso que la vida nos entrega solo con el correr de los años y después de transitar un largo y arduo camino que entremezcla finamente alegrías y tristezas, risas y llantos, amor y aversión… Aun si viniésemos al mundo con un instructivo de buen manejo (para evitar malos momentos) creo que de poco nos serviría porque, con lo testarudos que somos los seres humanos y lo inteligentes que nos creemos, ni siquiera lo leeríamos completo (como lo hacemos con los electrodomésticos) cometiendo fallos y omisiones que no nos permitirían usufructuar el máximo potencial que la vida nos propone. Solo con el tiempo (al igual que con la experiencia) aprenderíamos que el manual era importante y ahí volveríamos a mirarlo para entender lo torpe que fuimos y todas las oportunidades que desperdiciamos por creernos omnipotentes.

Por eso la experiencia es y será por siempre una dádiva divina, vital y esquiva diría yo, que solo le muestra su mejor cara a aquellos que tienen la paciencia, habilidad, competencia y pericia para asimilarla y aplicarla con sabiduría para vivir mejor.

Cuenta una historia que un hacendado constantemente anunciaba estar precisando empleados, pero la mayoría de las personas estaban poco dispuestas  a trabajar en sus campos, porque  temían las horribles tempestades que barrían aquella región, haciendo estragos en construcciones y plantaciones.

Por eso siempre recibía muchos rechazos, hasta que un hombre se aproximó a él y le dijo que aceptaba el trabajo. “¿Tiene usted experiencia?”,  le preguntó el dueño de los campos.  “Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla, le respondió el hombre”.

Bastante confuso con la respuesta un así el hacendado, desesperado por ayuda, lo empleó. El hombre trabajó bien manteniéndose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer por lo que el dueño estaba satisfecho con su trabajo.

Pero entonces, una noche, el viento sopló estrepitosamente. El hacendado saltó de la cama, agarró una lámpara y corrió hasta el alojamiento del empleado. Sacudió al hombre y le gritó: “¡Levántate! ¡Una tempestad está llegando! ¡Amarra las cosas antes que sean arrastradas!”

El hombre se dio vuelta en la cama y le dijo firmemente, “No señor. Yo ya le dije: Yo puedo dormir cuando el viento sopla”.

Enfurecido por la respuesta, el hacendado estuvo tentado en despedirlo inmediatamente pero, en vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno para la tempestad… Sin embargo, cuando estuvo afuera su asombro fue inmenso ya que encontró todas las parvas de heno cubiertas con lonas y firmemente atadas al suelo. Los animales estaban protegidos, el granero trancado y las ventanas de la propiedad bien cerradas y aseguradas. Todo estaba preparado, nada había quedado librado al azar. Entonces el hacendado entendió lo que su empleado le había querido decir y retornó a su cama para también dormir plácidamente aun cuando el viento y la tormenta arreciaban…

La historia nos enseña que aquel que logra fraguar su espíritu al calor de la baquía está preparado para enfrentar la adversidad con recaudos, pero sin nada que temer… Eso es lo que otorga y permite la experiencia que, cuando se aprende la lección y se usufructúan correctamente y con criterio los momentos vividos, uno previene los problemas y puede dormir tranquilo aun cuando llegue la peor de las tempestades.

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