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Nadie aprecia lo que tiene…

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Tab Machado
Tab Machado

La superficialidad con que se vive en el mundo de hoy hace que los seres humanos corran permanentemente tras estímulos nuevos que les despierten excitación y les brinden incentivos temporarios para seguir adelante en la búsqueda de una felicidad que se torna cada vez mas esquiva y reticente. De esta manera, lo que se toma con pasión incontenible hoy se desecha mañana, porque la

rutina y la cotidianeidad se han convertido en armas letales que aniquilan la emoción y la exaltación que produce lo inesperado… Poco importa si lo nuevo es bueno, mediocre o malo, lo significativo es el intenso entusiasmo que produce, aunque la satisfacción que brinde sea efímera y momentánea.

Así es en las relaciones personales, en el trabajo, en la compra de bienes materiales y en todas las actividades diarias del ser humano. En ese devenir casi diario de emociones intensas uno, sin darse cuenta, se desprende de afectos que considera finiquitados y molestos y no se da cuenta de su inapreciable valor hasta que los pierde, solo allí se percata que lo nuevo no era mejor que lo que se tenía y muchas veces ya no se puede desandar el camino para reencontrarse con lo que era de su pertenencia.

Es más, muchas veces al querer volver  a esos viejos afectos nos encontramos con la desagradable sorpresa de que alguien más ocupa ese lugar, porque lo que nosotros consideramos simple rutina y hastío otro lo vio como una novedad atrayente, por lo que solo nos queda la terrible sensación de saber que aquello que tuvimos alguna vez jamás volverá a ser nuestro… Esa es la forma de aprender que lo fugaz y excitante puede estimular nuestros sentidos, pero quitarnos aquello que era parte vital de nuestras vidas.

Cuenta una historia que el dueño de un pequeño negocio, amigo del gran poeta Olavo Bilac, cierto día lo encontró en la calle y le dijo: “Sr. Bilac, necesito vender mi negocio, que Ud. tan bien conoce. Estoy aburrido de él y necesito buscar nuevos horizontes, algo que me haga sentir vivo de nuevo ¿Podría redactar el aviso de venta  para el diario?

Olavo Bilac tomó lápiz y papel y escribió: “Se vende encantadora propiedad, donde cantan los pájaros al amanecer en las extensas arboledas, rodeado por las cristalinas aguas de un lindo riachuelo. La casa, bañada por el sol naciente, ofrece la sombra tranquila de las tardes en el balcón”…

Algunos meses después, el poeta se encontró con el comerciante y le preguntó si ya había vendido el lugar.

“No, pensé más en eso”, dijo el hombre. “Después que leí el aviso me di cuenta de la maravilla que tenía y decidí quedarme con mi hermosa propiedad”.

A veces, no nos damos cuenta de las cosas buenas que tenemos y sin pensar queremos desprendernos de esos afectos para ir tras falsos tesoros que refulgen como el sol pero son tan fríos e inestables como el hielo. Lamentablemente cuando nos damos cuenta del error queremos volver atrás pero ya es tarde, pues el ser humano solo aprecia el valor de lo que tiene cuando lo pierde…

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