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Ni de aquí… ni de allá
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Ni de aquí… ni de allá

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Tab Machado
Tab Machado

Hay gente que se olvida al emigrar que debe de, obligatoriamente, expandir la mente para aceptar su nueva realidad y así no caer y permanecer por siempre en un limbo emocional que no les permite ser de aquí… ni tampoco de allá. Los emigrantes que se quedan espiritualmente en el medio del camino, añorando con ansiedad lo que dejaron atrás y sin querer ser parte de lo que tienen por delante, no pueden ensamblar y relacionar los dos puntos vitales de su existencia (pasado- futuro), que deben necesariamente congruir para reforzar el espíritu y confortar el alma. Es que la mente suele hacernos trampas, la emoción las consiente y el ánimo se deja entonces influenciar por situaciones ideales que, por lo general, jamás son realidad…

Hace un tiempo atrás escuche al Padre Florentino María Rigoni decir acerca de los inmigrantes que, cuando al fin logran concretar su sueño y emigrar, “los que quedan del otro lado se apresuran a cerrarle las vías del regreso”. Y que, cuando por fin vuelven con ansiedad a su pueblo, terminan percibiéndolo “como tierra extranjera”.

“Esta situación colinda con la tragedia y con la ironía sarcástica de distintos espectadores, donde el inmigrante es el ‘Mil usos’ sin un acá ni un allá”, agregó.

El Padre Flor dijo también en esa ocasión que, el migrante es la expresión de un pueblo que tiene raíces profundas al igual que la sociedad que lo recibe e integrarlas es la actitud más honesta hacia la migración. “Con la migración se mueven las fronteras de la historia humana y también sus fronteras culturales, políticas sociales y hasta religiosas. Una mirada atrás nos confirma esta visión a lo largo y ancho de todo el mundo”…

Como dije hace un tiempo atrás… un inmigrante es un valiente porque  se ha animado a dejarlo todo… en busca de todo. Alguien que ha aprendido que una ilusión puede marchitarse o retoñar en cualquier esquina del mundo y que la mejor oportunidad de su vida está siempre un paso más allá de lo que ha conquistado, lo que le permite vivir siempre a la búsqueda de más…

Es un optimista por naturaleza, nunca se da por vencido, vive con los sentimientos a flor de piel y hace de sus tradiciones un culto.  Para él no hay nada más importante que un trabajo que sirva de salvoconducto a una vida mejor y ha aprendido a enjugar su sudor y sus lágrimas (en la misma proporción) en bien de su familia…

El inmigrante ha aprendido a nutrirse de esperanza, a reforzar su fe y a doblegar sus miedos. Ha comprendido que el esfuerzo constante es su mayor fortaleza, que todo pasa (lo bueno y lo malo) y que la vida se sustenta en pequeños grandes momentos…

Por eso el inmigrante que se ha quedado en medio del camino, emocionalmente hablando, debería aprender  a valorar profundamente donde está, sin olvidarse nunca de donde salió, para así fraguar en su espíritu un sentimiento de solidaridad, mezclada con agradecimiento, que lo hará ser diferente…

En lo que es personal valoro, respeto y estimo a aquellos que se han animado a dejarlo todo y enfrentarse a la nada (venciendo el miedo) en busca de conquistar sus sueños que muchas veces se truncan por diferentes motivos y nunca llegan a conquistarse…

 

 

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