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Ni por un mísero yoctosegundo…

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¿Crees que no eres importante? ¿Consideras que tu vida no vale nada? ¿Sientes que no tienes valor? ¿Te consideras una persona común o así te lo han hecho creer? Pues entonces no te has detenido a pensar, ni siquiera un momento, cuantos milagros o circunstancias fortuitas (dependiendo de si eres creyente o no) han tenido que ocurrir desde el principio de los tiempos para que estés, aquí y ahora, gozando del increíble privilegio de vivir… La infinidad asombrosa e inenarrable de sucesos cósmicos, físicos, químicos, biológicos y hasta genealógicos que se han entrelazado (con una precisión más que milimétrica) para que estés gozando el tener vida son tan abrumadores, tan increíbles y tan estremecedores, que ni siquiera podrías permitirte un instante para menospreciar lo extraordinaria que es tu vida…

Les juro que de solo pensar cuantas cosas han tenido que pasar desde un inicio para que uno tenga la oportunidad de transcurrir en esta vida me deja sin aliento. Solo esta circunstancia, este hecho, hace que merezca la pena vivir al máximo disfrutando, de una manera singular, todo lo que nos depara nuestro destino así sea bueno o malo.

Hay un poema que se llama ‘Instantes’ (algunas personas se lo atribuyen a Jorge Luis Borges, otros Don Herold o a Nadine Stair), que nos habla claramente de la importancia de no desperdiciar ni siquiera un segundo de nuestra vida. Dice así: “Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido; de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.

Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares a donde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios.

Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría pero, si pudiera volver atrás, trataría de tener sólo buenos momentos. Por si no lo saben de eso está hecha la vida, sólo de momentos, no te pierdas el ahora. Yo era uno de esos que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro, una bolsa de agua caliente, un paraguas y un paracaídas.

Si pudiera volver a vivir, comenzaría a andar descalzo a principio de la primavera y seguiría así hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres y jugaría con más niños.

Si tuviera otra vez la vida por delante… pero, ya ven, tengo 85 años y sé que estoy muriendo”…

El poema, como ves, es una invitación a vivir la vida en total gozo y plenitud, con simpleza e intensidad. Por eso no te permitas ni tan solo por un yoctosegundo (la unidad de tiempo equivalente a la cuatrillonésima parte de un segundo) en dudar lo extraordinario que eres.  No te desgastes, no te permitas el desaliento, no caigas en la franja del gris. Vive la vida entregándote a los demás y el presente con toda intensidad, pues es lo único que tienes… y, por sobre todo, recuerda siempre todos los milagros o circunstancias que han tenido que transcurrir a lo largo del tiempo para que estés hoy, acá, gozando del increíble privilegio de vivir…

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