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No caigas en la trampa

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Tab Machado
Tab Machado

No existe un arma más poderosa y sutil para embaucar o persuadir a una persona que la lisonja, la alabanza o el adulamiento a destajo, ya que no existe un ser humano que se resista a tal circunstancia, por eso siempre debemos estar alertas…

Si uno no está preparado y atento para detectar tal situación, es muy fácil caer en el dulce sopor de las palabras que nos prodigan y, cuando finalmente

despertamos de ese ensueño, nos encontramos que toda la palabrería que escuchábamos era inconsistente y vacía… por eso siempre decimos desde esta columna que las palabras, para ser creíbles, deben venir acompañadas de hechos tangibles…

Es como la vieja historia de la Zorra y el Cuervo. La zorra salió un día de su casa para buscar qué comer. Era mediodía, no se había desayunado y tenía muchísima hambre. Al pasar por el bosque vio al cuervo, que estaba parado en la rama de un árbol y tenía en el pico un buen pedazo de queso. La zorra, astuta y hábil para engañar, se sentó debajo del árbol, mirando todo el tiempo al cuervo y le dijo estas palabras: “Querido señor cuervo, tenga usted buenos días mi dueño; vaya que eres elegante, lindo en extremo. ¡Qué plumaje tan brillante tiene Usted! ¡Apenas puedo creerlo! Yo no gasto lisonjas y digo lo que pienso: Nunca he visto nada tan maravilloso en todo este tiempo. Me gustaría saber si su canto es igual de bonito, porque entonces no habrá duda que es usted el rey de todos los que vivimos en el bosque”…

Al oír un discurso tan dulce y halagüeño el cuervo, muy contento y con  muchas ganas de ser el rey del bosque, quiso demostrarle a la zorra lo hermoso de su canto. Abrió, pues, el pico y cantó así: “¡Crrac!”

La zorra se tapó las orejas, pero abrió bien el hocico para atrapar el queso que el cuervo dejó caer al abrir el pico para cantar, lo atrapó y le dijo: “Muchísimas gracias, señor bobo, te quedas sin tu alimento ¡Qué sabroso desayuno me voy a comer! Aliméntate ahora de mis palabras y mis alabanzas… quédate hinchado y repleto, digiere las lisonjas mientras yo me como el queso”…

Luego la zorra masticó despacio el queso, lo saboreó, se lo tragó y se fue, relamiéndose los bigotes mientras el cuervo se quedó muy triste y sin su comida…

Así suele pasar cuando nos dejamos seducir por palabras de alabanzas vacías y huecas que solo buscan hacernos bajar la guardia… ya que quienes oyen sin pensar a los aduladores, no podrán nunca esperar otro premio que el de ser embaucado, timado y abandonados a su propia suerte…

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