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No confundas Otixé con Éxito

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Muchas personas (lamentablemente cada día mas) creen que tener éxito es demostrarle a los demás que poseen vidas suntuosas y opulentas, por lo que se afanan en tener siempre más que los que los rodean y así viven pendientes de lo que adquieren sus vecinos, familiares y/o amigos, para superarlos inmediatamente y seguir siendo objeto de ‘admiración’ y ‘deslumbramiento’. Imagínense lo que ocurre cuando ese sentimiento se propaga en los demás y todos compiten por ser los mejores… muchas veces se termina gastando lo que no se tiene (y también lo que no se debe) para contender por un lugar superfluo innecesario, inútil, nimio, trivial y vacío que termina siendo tan solo un reflejo distorsionado, retorcido y opuesto al éxito, porque si en verdad necesitas ostentar para deslumbrar o causar admiración créeme, no es éxito lo que tienes, sino el reflejo de esa palabra en el espejo de la vida: otixé (justo lo opuesto de lo que deseas en realidad)…

Cuenta una historia aleccionante que Dios estaba harto de las continuas peticiones de su devoto, que no encontraba paz, pues su vecino era más rico que él. Un día apareció y le dijo: “He decidido concederte un deseo, lo que quieras, pero hay una condición: lo que tú pidas se lo daré doble a tu vecino”.

Lleno de gozo, el devoto se dedicó a pensar en lo que quería, pero el solo hecho de que su envidiado vecino recibiera el doble de lo que a él le darían, empañaba cualquier cosa que llegara a su mente. Pidió entonces consejo a sus amigos y unos le dijeron que pidiera riquezas, otros inmortalidad, algunos salud, los menos le dijeron que pidiera amor y muchos le insinuaron que pidiera poder. Pero, nada más pensar en que su vecino recibiría el doble de lo que él recibiría, no lo dejaba dormir. Pasó el tiempo y el rencor fue repletado su alma así que un día, pensando siempre en su vecino y no en él mismo invocó a su Señor y le dijo: “Ya sé lo que quiero… Quiero perder un ojo”…

Al igual que nos muestra esta historia, la vida tiene contrasentidos profundos y, cuando te afanas únicamente en ostentar y ser mejor que los demás, dejas de disfrutar tu propia vida para padecer la ajena…   

De este modo solemos encontrarnos con personas que los demás consideran exitosas porque ostentan bienes materiales, pero lo que no saben es que muchos de ellos no están satisfechos con sus vidas, porque les falta el estímulo de desarrollar sus verdaderas vocaciones y sueños. Sin embargo hay otras que, teniendo mucho menos, sienten el trabajo como una ligera carga que realizan con gusto, porque hacen lo que soñaron desde niños. Quizás no tengan tanto tantos lujos materiales, pero tienen algo que jamás se podrá comprar en ningún comercio y es la profunda satisfacción de hacer lo que siempre quisieron, lo que  soñaron y acunaron desde su infancia.

Por eso, si aun tienes menos de 99 años y sientes que en la vida tuvo un sueño que no pudiste cumplir, hazme caso, trata de realizarlo. No te olvides nunca que, durante nuestra corta existencia en la tierra, hay solo dos posibilidades: o uno pasa por la vida o la vida pasa por uno inexorablemente… De ti depende…

 

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