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No es oro todo lo que reluce…

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Tab Machado
Tab Machado

Cuanto más se esfuerza el ser humano por mostrar una dote para impresionar a sus semejantes, más superficial vuelve su existencia, alejándose correspondientemente de los verdaderos valores que cimentan el espíritu, templan el alma y forjan las relaciones profundas y duraderas… En verdad les digo que si una persona debe basar el respeto, cariño y admiración que le profesan los demás en los bienes materiales que atesora, entonces decididamente estará perdido, porque esa consideración, afecto y fascinación durará

inexorablemente hasta el momento exacto en que los bienes materiales desaparezcan o terminen…

Cuenta una historia aleccionante que “en un lugar lejano existía el país de los pozos, donde solo existían pozos, casi sin vegetación pues la tierra estaba reseca.

Los pozos hablaban entre sí a distancia… en realidad lo único que hablaba era el borde: lo que se ve a ras de tierra y al hablar sonaban vacíos porque estaban huecos y se producía dentro una sensación de vacío, vértigo, ansiedad y cado uno tendía a llenarlo como podía: con cosas materiales, ruidos y hasta con sabiduría…

Entre los pozos los había con gran brocal en el que cabían muchas cosas y los de brocal pequeñito, pero que también cabían cosas que, irremediablemente, pasaban de moda y eran cambiadas, llenándose continuamente de cosas nuevas, diferentes… Y quien más tenía era más respetado y admirado…  pero, en el fondo, nadie estaba a gusto y el brocal estaba siempre reseco y sediento, aunque  la mayoría de los pozos percibían que el agua brotaba tenue en su interior.

Ante aquella sensación rara unos sintieron miedo, otros a causa de las cosas que abarrotaban el brocal se rindieron pronto y optaron por olvidar aquello que había “en el fondo”.  Algunos pozos ignorantes se reían y decían que todo eso eran ilusiones… que no había más realidad que el brocal y las cosas que entraban en el hueco, que no había agua en el fondo.  Pero hubo uno que empezó a mirar hacia dentro… y trató de calar más. Como las cosas que había ido acumulando le molestaban, prefirió librarse de ellas eliminando el ruido hasta quedarse en silencio… entonces oyó burbujear el agua  y sintió una paz enorme que venía de la profundidad.  Fue así que todo el pozo, se refrescó y sació su sed, entonces supo que esa era su razón de ser… Allí, en el fondo, se sentía él mismo. Hasta entonces había creído que ser pozo era tener un gran brocal, muy rico y adornado, lleno de cosas. Así que, mientras otros pozos agrandaban su brocal para que cupieran más cosas, éste, buceando en su interior, descubría que lo mejor de sí mismo estaba en la profundidad y que era “más pozo” cuanta más profundidad tenía…

Feliz por su descubrimiento, intentó comunicarlo y comenzó a sacar agua de su interior que refrescaba la tierra reseca y la hacía fértil, brotando flores a su alrededor.

La noticia cundió enseguida y las reacciones fueron variadas: unos se mostraron escépticos, otros despreciaron su descubrimiento y hubo a quien le pareció una pérdida de tiempo aquel trabajo de sacar agua de su interior…

La mayoría optó por no hacer caso, estaban muy ocupados rellenando de cosas el brocal y ya se habían acostumbrado a la satisfacción de ostentar. Se sentían a gusto en el ruido y estaban contentos con las sensaciones que experimentaban desde fuera…

Sin embargo algunos intentaron la experiencia y, liberándose de las cosas que los rellenaban, encontraron también agua en su interior.  A partir de entonces comprobaron que, por más agua que sacaban no se vaciaban, sino que se sentían más frescos, renovados… Y al seguir profundizando descubrieron que todos los pozos estaban unidos por aquello que era su razón de ser… el agua del manantial. Así comenzó una comunicación “a fondo” entre ellos, sin importarles como era el brocal de cada uno, ya que eso era superficial y no influía en lo que había en el fondo.  Eso sí: en cada uno el agua adquiría sabor propio y propiedades distintas: era lo característico de cada pozo.

Desde entonces los pozos que habían descubierto su ser, profundizaron su amistad y se esforzaron en agrandar su interior para que el manantial pudiera fluir con facilidad hasta ellos  mientras embellecían la tierra y transformaban el paisaje…  Mientras, en la superficie, los otros otros pozos seguían ocupados en ampliar su brocal y ostentar cada vez más cosas”…

Basar nuestra interacción social simplemente en lo que se puede lucir u ostentar atraerá inexorablemente hacia nosotros a personas vanas y fútiles que solo querrán aprovechar y usar nuestros beneficios, mientras lisonjean nuestros oídos, desapareciendo mágicamente en el preciso momento en que alguien más les muestre mayor fulgor…  Como decía el filosofo Marco Tulio Cicerón “la verdadera amistad comienza donde termina o cuando concluye el interés”…

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