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No esperes recompensa…

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Tab Machado
Tab Machado

La solidaridad pierde terreno cada día ante el egoísmo, porque el ser humano ya no quiere dar sin recibir alguna dadiva a cambio. Todo es calculado, frio y materialista, por lo que uno de los principios básicos que debería regir a la humanidad se derrumba por el despeñadero de la indiferencia hacia el vacío del individualismo y la vanidad… Recuerda siempre que si se te enfría el corazón se te resfría el alma…

Cuenta una historia que la secretaria de un famoso cirujano cardiovascular entró a su despacho y le anunció que un anciano que venía recomendado por un médico del hospital público, deseaba hacerle una consulta. “Tendrá que esperar a que haya atendido a todos los pacientes, luego le recibiré”, dijo el doctor.

Después de dos horas de espera, el médico recibió al anciano y le preguntó, a que se debía su visita: “vengo a verlo por recomendación del médico del hospital, él me ha enviado porque considera que Usted es la única persona que puede resolver mi problema de corazón, además me dijo que en su clínica poseen los equipos necesarios para llevar a cabo la operación que salvará mi vida”.

El médico evaluó cuidadosamente todo el historial médico de su colega y le preguntó al anciano: “¿Tiene seguro?”

“Ese es mi problema”, dijo el anciano, “no poseo seguro y tampoco dinero. Soy muy pobre y no tengo familia que pueda ayudarme. Con todo respeto, sé que le pido demasiado, pero Usted es la única persona que puede ayudarme a seguir viviendo”.

El médico estaba indignado con su colega. ¿Cómo se había atrevido a ponerle en semejante compromiso? Así que envió al anciano de regreso al hospital con una nota dirigida al médico, explicándole que su clínica era privada y de mucho prestigio, por lo tanto no podía acceder a su pedido y al final agregó con mayúsculas: NUESTRA CLÍNICA NO ESTA PARA HACER BENEFICENCIA A NADIE.

Cuando el anciano se fue, el médico se dio cuenta que éste había olvidado una carpeta. Al abrirla, para asegurarse que era del anciano, encontró poesías y algunas frases sueltas que le llamaron mucho la atención, una de  ellas decía: “El órgano que mejor habla, es el corazón” y firmaba, Jean Marcel.

Esta frase impactó al médico, pero lo que más le llamó la atención fue el nombre del autor, Jean Marcel. De pronto se trasladó a sus años en el colegio y recordó a la maestra que les leía sus hermosos cuentos. También recordó cuando en secundaria su profesora les enseñaba bellísimas poesías del autor. Su mejor recuerdo fue cuando le dedicó una de esas poesías a quien posteriormente sería su esposa. ¿Cómo olvidar a Jean Marcel, si este gran hombre le hizo pasar los momentos más felices de su de su juventud?…

Pasaron  unas semanas hasta que la secretaria del doctor entró con el periódico y compungida le dijo: “hoy encontraron muerto al poeta Jean Marcel en un banco de la plaza, tenía 88 años”.   El médico con un suspiró de pena le contestó a la secretaria: “hombres como él no deberían morir nunca, como me hubiera gustado conocerlo”…

“¿No lo recuerda?”, le dijo la secretaria y, mostrándole la foto del periódico, añadió: “era el anciano que vino hace unos días a consultarle. Era un escritor y poeta muy conocido, pero también muy solitario, bohemio y pobre”.

Cuando el médico vio la foto, le pidió a su secretaria que se retirara. Su corazón se llenó de angustia como nunca antes y lo único que pudo hacer fue llorar como un niño, tal vez como aquel niño que siempre estuvo en su interior y había olvidado…

La historia nos reafirma que, si das no esperes recompensa y si esperas recompensa no des porque jamás hallarás en la palabra gracias algo que te sea satisfactorio… Mejor cuando des que sea de corazón y sin esperar nada, porque si nada esperas la palabra gracias significara todo…

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