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No esperes un milagro cada día…

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Tab Machado
Tab Machado

No es la ciencia la que aleja cada día a los seres humanos de Dios, es nuestra continua necesidad de obtener milagros prodigiosos, extraordinarios y personales lo que nos lleva a dudar sobre su existencia, sobre todo si no recibimos de inmediato una respuesta efectiva a nuestras plegarias…

El ser humano pide mucho, pero no está dispuesto a sacrificarse y mucho menos someterse a seguir las leyes de Dios para conseguir su benevolencia. Pretende tener un Dios personal y sumiso que cierre los ojos ante sus pecados y lo asista en forma individual en su camino al éxito,

siendo más un esclavo de sus pensamientos y necesidades que un ser superior al que se le debe devoción y respeto… Es que, si no tenemos nuestro milagro personal todos los días… Dios ya no nos sirve de nada…

Cuenta una historia que un poderoso terrateniente caminaba por un bosque cuando se encontró con un sabio y su discípulo. El terrateniente le dijo: “me han dicho que eres un ser muy poderoso, capaz de hacer grandes milagros. Que sanas enfermos y haces ver a los ciegos. Me gustaría ver uno de esos milagros para creer en tu Dios”.

El sabio lo miró con compasión y le dijo: “¿Volvió a salir el sol esta mañana?”. “¡Claro que sí!”, exclamó el terrateniente. “Pues ahí tienes el milagro de la luz”.

“No, yo quiero ver un verdadero milagro, haz que se oculte el sol, saca agua de una piedra, sana a un animal herido tocándole con tu mano. Algo así quiero ver para creer”, volvió a decir el hombre…

“¿Quieres un verdadero milagro?”, volvió a preguntar el sabio y dijo: “Tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días, ahí tienes el milagro de la vida”…“Tú no me entiendes: quiero ver un verdadero milagro”, dijo tercamente el terrateniente.

Con infinita paciencia el sabio volvió a decir: “Fíjate bien, estamos en época de cosecha, ¿no hay trigo donde hace unos meses sólo había tierra árida?” Y el hombre respondió: “Sí, igual que todos los años”…  “Pues ahí tienes el tercer milagro”.

“Creo que no me he explicado bien, lo que yo quiero”… estaba diciendo el hombre, pero el sabio le interrumpió: “Te has explicado bien, pero yo ya he hecho todo lo que podía hacer por ti. Si no encontraste lo que buscabas, lamento desilusionarte, pero no puedo hacer más”…

El poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. Cuando el hombre estuvo lejos, el sabio tomó a un conejo herido, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas. El joven alumno quedó desconcertado y dijo: “Maestro, te he visto hacer milagros como éste todos los días, ¿por qué te negaste a mostrarle uno al caballero? ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo?”

Y el sabio le respondió: “Lo que él buscaba para creer en Dios no era un milagro, era un espectáculo personal para saciar su curiosidad. Le mostré tres milagros y no pudo apreciarlos, ¿crees que un gran espectáculo lo hubiera convencido? Y si es así… ¿Por cuánto tiempo hubiera sido?”

La humanidad se ha acostumbrado a pedir por todo y a esperar en consecuencia porque nos creemos merecedores de tales dadivas pero, en realidad, ¿qué hacemos nosotros para contribuir a la causa? ¿Qué tan dispuestos estamos a vivir bajo las reglas de Dios? ¿Cuándo fue la última vez que le elevamos una plegaria tan solo para agradecer y alabar su magnificencia, sin pedir nada a cambio? Si necesitas de la ayuda de Dios no esperes de él un milagro cada día, mejor cumple con sus enseñanzas y todo se te dará por añadidura…

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