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¿No hay mal que dure 100 años?

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La historia no solo sirve para narrar acontecimientos heroicos, épicos y memorables, sino también para denunciar cruda y descarnadamente sucesos que oscurecen la razón y laceran el alma. Uno de esos hechos nefastos ha sido (y es) el menosprecio, desdén, desconsideración y repudio consuetudinario a la que se ha sometido a la comunidad latinoamericana o hispanoamericana a través de la historia y que, lamentablemente, lejos de amainar hoy está más vigente que nunca…

Desde el mismísimo 12 de Octubre de 1492 (hace ya casi 525 años), cuando los europeos hicieron oficial la llegada a este continente, dio inicio el cruel y despiadado menosprecio por nuestra gente que fue implantándose y arraigándose hasta límites increíbles. Culturas borradas del mapa, masacres sin piedad, esclavitud, servidumbre y vasallaje pintaron los años de la conquista…

Incluso se recuerda hoy que un 2 de Junio de 1537, hace exactamente 480 años atrás en Roma, Italia, el papa Pablo III publicó la bula Sublimis Deus, donde se decretaba que los indígenas americanos eran también ‘seres humanos racionales’ y ‘dotados de alma’… Esto se logró porque el obispo de Tlaxcala, fray Julián Garcés había enviado una carta al papa defendiendo los derechos humanos de los indígenas que eran sojuzgados de manera cruel. Igualmente todos conocemos la historia y como prosiguió después de allí…

Creo que en los únicos períodos posteriores en que los latinoamericanos fuimos considerados ‘más o menos iguales’ por la gente del viejo continente fue durante las guerras mundiales y los conflictos internos de sus países, dado que fue a lo largo y ancho de América que buscaron refugio y amparo. Asimilarse era una necesidad imperiosa y, entonces, se vivió una ‘primavera’ que duró lo que dura un lirio… Bastó que los vientos cambiaran nuevamente para que volviéramos a ser considerados casi que una plaga execrable…

Y así hemos llegado a este triste presente de hoy en el que, no solo seguimos siendo discriminados perversamente, sino que para muchos integrantes de nuestra comunidad ser hispanoamericano se ha convertido en un estigma degradante que prefieren ocultar como sea o a como dé lugar…

Por eso no es de extrañar que algunos busquen y rebusquen en su árbol genealógico ascendientes más ‘aceptables’ con la finalidad de borrar su origen o que muchos de los que nacen en otras tierras (siendo sus padres latinos) no consideren llevar el estigma a pesar de que los de otras comunidades aun los consideran ‘hispanos’ (simplemente por sus rasgos). También muchos naturalizados han considerado que los papeles vienen con cambio de ADN incluido y ya pueden usar gentilicios que no le son hereditarios pero que alivian ingenuamente el alma y están también los radicales, aquellos que repudian a sus congéneres aun siendo parte de un mismo origen… En fin, así caminamos por este loco, loco, mundo que nos hizo creer que no hay mal que dure cien años y el nuestro lleva ya más de 500 y contando…

 

 

 

 

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