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No se puede engañar a la conciencia

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Tab Machado

Sé que muchos podrán pensar que la jugada del hombre fue genial y si así lo hacen deberían reflexionar si en su vida no hacen lo mismo: prometer sin sustento (esperando una respuesta positiva de aquellos actúan de buena fe) solo para obtener beneficios individuales y luego, al tener que pagar la promesa, buscar un subterfugio como el de la historia para adormecer su nula y corroída conciencia.

Así va la humanidad, bamboleándose entre lo que debería de ser y lo que realmente es, movida casi que exclusivamente por la conveniencia egoísta de personas que no se cansan de buscar siempre lo mejor para sí mismo, en un

individualismo canibalesco que los hace olvidar por completo a los otros seres que los rodean.

Cuenta una historia aleccionante que un hombre con dificultades en sus negocios hizo una promesa de que, si se arreglaban todos sus asuntos, vendería su casa y entregaría el dinero resultante a los pobres. Meses después su situación económica mejoró y poco a poco fue recuperando su vida anterior hasta sobrepasar todas las angustias.

Acordándose de la promesa que había hecho en un principio colocó en la puerta de su casa un cartel que decía: “Se vende casa con gato incluido”.  Al poco tiempo llegaron unas personas interesadas en adquirir la propiedad y preguntaron por el precio. “La casa cuesta cinco monedas y el gato diez mil, pero no se venden separadamente”, contestó el negociante alegremente.

Al principio las personas se extrañaron mucho de la oferta, pero luego de reflexionar unos momentos aceptaron la propuesta, puesto que les interesaba mucho la casa. Fue así que  pagaron las diez mil cinco monedas y se quedaron con la propiedad y el gato. Cuando el hombre recibió el dinero, dio a los pobres las cinco monedas en las que había tasado la casa y tranquilamente se quedó con las otras diez mil monedas que provenían de la venta del gato…

Hay personas a las que les resulta muy fácil prometer todo lo que quieran porque, al momento de cumplir con su palabra, siempre buscan y encuentran un subterfugio para atenuar su conciencia y así no formalizar lo establecido previamente. Lo importante para ellos es recibir lo que necesitan a cambio de las promesas que  hacen, asegurarse lo que están buscando, ya que a la hora de consumar la palabra empeñada siempre van a encontrar una salida rápida para abatir el pago de lo que ofrecieron, buscando luego la excusa perfecta para mitigar su empobrecida o nula conciencia.

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