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No sigas las huellas…

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Tab Machado

La falta de creatividad, inventiva y originalidad en la humanidad es tan alarmante que ya, de verdad, preocupa y, si no creen lo que les digo, basta darse una vueltita por las redes sociales, donde los usuarios prefieren buscar y poner cartelitos ya hechos por terceras personas, antes que expresarse por sí mismo acerca de lo que creen, sienten y desean…

Ese modelo se repite también en otras áreas del diario vivir de una sociedad que de a poco va perdiendo su identidad, para convertirse simplemente en un conglomerado de seres humanos que, sin voluntad ni ganas deadentrarse en su interior o defender sus convicciones y creencias, siguen y repiten lo que otros hacen, en una inercia tan peligrosa como soporífera.

Así se da en los negocios (si un rubro funciona miles imitan al primero y entre todos terminan saturando el mercado), en el trabajo (donde todos esperan que una persona haga la labor y después simplemente copian al primero o, peor aún, solo se adhieren al éxito que no fomentaron), en la forma de vestirse o expresarse (modelos, colores y formas que hasta incluso pueden no gustar pero, como los demás lo usan o lo hacen, yo también debo hacerlo para no verme fuera de onda) y en cualquier otra actividad que practique el género humano.

Cuenta una historia al respecto que un hombre llegó cierto día a un pueblo pujante y emprendedor, donde cada residente trabajaba en su profesión u oficio y todos juntos se beneficiaban del producido individual, logrando una armonía perfecta. El recién llegado se sentó en la plaza principal y simplemente puso un cartelito a su frente que decía: “si necesitas algo pregúntame, yo te lo puedo resolver”.

Al principio todos siguieron con sus trabajos, pero un día el panadero se acercó al hombre y le comentó preocupado que deseaba una nueva receta para hacer el pastel de cumpleaños del Alcalde y no se le ocurría nada, su mente estaba en blanco. El hombre lo miró, escribió en una libreta varios ingredientes, la forma de mezclarlos y cocinarlos y una decoración tan espectacular como innovadora. El panadero saltó de alegría, entregó unos pesos al hombre y corrió a su panadería a realizar el pastel. Durante la fiesta de celebración de cumpleaños del Alcalde todo el mundo ponderó el pastel del panadero y este dijo a sus amigos que el hombre de la plaza le había dado la receta…

Al otro día fue el carnicero a preguntarle al hombre por nuevos cortes de carne, luego el dueño del restaurante por nuevas recetas de cocina, posteriormente el carpintero que andaba buscando una nueva línea de muebles y hasta el Alcalde fue a consultar al ‘hombre de la plaza’ para ver qué hacer con los impuestos. El recién llegado siempre tenía una respuesta precisa y eso hacía que todo fuera más rápido, más ágil y más cómodo. Hasta los jóvenes acudían a él para poder conquistar con frases halagadoras a las jovencitas de sus sueños…

El tiempo pasó y la costumbre de preguntarle al ‘hombre de la plaza’ fue haciéndose un hábito primero, un método indispensable después y una tradición ineludible más adelante. Con los años, todo lo que se hacía o decíaen el pueblo era producto de la creatividad, inventiva y originalidad de aquel hombre que parecía saberlo todo…

Un día el buen hombre murió y el pueblo entero entró en pánico, la gente había perdido la facultad de pensar, de crear, de tener ideas propias por lo que el pueblo no fue capaz de subsistir y terminó sucumbiendo en medio de una apatía y hastío feroz, tal es así, que ni siquiera el nombre del pueblo se recuerda hoy…

Ten muy en cuenta esta historia y no te permitas pasar por la vida sin pena ni gloria, sino que trata de dejar en el camino huellas indelebles de tu transito por la tierra. ¿Cómo lograrlo? Nunca dejes de ser tu mismo, expresacon tus propias palabras tus sentimientos y tus creencias y no dejes jamás que otros lo digan o lo hagan por ti. Anímate a romper el círculo de la apatía y, sobre todo, no sigas las huellas, mejor ve donde no hay un camino y deja un sendero…

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