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No te distraigas

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Si quieres alcanzar un objetivo, cualquiera sea el que te hayas trazado, está prohibido distraerse con detalles alternativos que te quiten el foco de atención en el logro que persigues. Uno puede tomarse respiros, descansos rumbo a la meta, pero está prohibido distraerse, quedarse enredado en temas que solo alejan la visión del punto de mira y complican el éxito que buscas. Así que, cuando sepas lo que quieres, cuando hayas definido un objetivo, ve tras el sin dudas y sin desmayos, alejando de ti todo aquello que te haga perder la atención que merece el logro, no sea que te vaya a pasar lo del ermitaño y sus dos taparrabos …

Cuenta la historia que un ermitaño, santo y penitente, que vivía en la selva, lejos de caminos humanos, se sustentaba de los frutos de los árboles y las raíces del suelo y bebía del agua cristalina del río que fluía al borde de su cabaña. Vestía sólo un taparrabos y guardaba otro para cambiarse, pasando así todo el día en la contemplación sagrada del Dios que había hecho esas maravillas… Pero había ratones en la selva y, mientras él estaba en oración, le roían el taparrabos que había puesto a secar…

Los vecinos devotos que lo visitaban para pedirle su bendición, le indicaron el remedio: la presencia de un gato que ahuyentara los ratones. Le trajeron un gato y el taparrabos quedó a salvo… pero ahora había que darle de comer al gato. Al gato le gusta la leche así que los siempre devotos visitantes le regalaron una vaca… pero como también la vaca debía de comer algo para vivir le regalaron unos campos para que pastara.

El ermitaño sólo tenía que cuidar de los campos, regarlos, abonarlos, cortar hierba para cuando hiciera falta, ordeñar la vaca para que diera leche y comiera el gato, que era el que espantaba a los ratones para que quedara protegido el taparrabos de cambio.

Así lo hizo el monje, dejándose llevar por el cariño y la sabiduría práctica de sus fieles devotos. Hasta que un día cayó en la cuenta de que ya no hacía oración, si no que se pasaba todo el tiempo con los campos, la vaca y el gato. Ya no tenía tiempo, ya no tenía ganas… los detalles lo habían alejado de su meta, por lo que sus vecinos devotos dejaron de visitarlo ya que decían que su bendición no surtía efecto como antes…

Muchas veces los seres humanos nos afanamos tanto y tan obsesivamente en los detalles, que olvidamos el verdadero propósito que nos fijamos. Por eso te recuerdo que, si quieres alcanzar una meta, no quites jamás la mira de tu objetivo y no te distraigas… porque quien se dispersa con detalles triviales corre peligro de no alcanzar jamás el propósito que se había fijado…

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