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No te limites…

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Tab Machado
Tab Machado

El adversario más poderoso y letal que tenemos los seres humanos para avanzar hacia nuestras metas es nuestro propio intelecto, que muchas veces nos limita y cercena la posibilidad de crecimiento, porque nos hace creer que en la vida hay límites infranqueables para nuestros sueños… Si no somos capaces de dejar volar la imaginación y superar esas barreras, jamás vamos a salir de la mediocridad, porque el espíritu humano se ha dejado acorralar

por el raciocinio negativo que nos repite incansablemente: “eso jamás lo podrás lograr”…

Cuenta una historia que un elefante y una alondra eran amigos. La alondra le señalaba al elefante los rincones más sombreados de la selva y este protegía con su presencia nocturna el nido de la alondra de serpientes voraces y ardillas rapaces.

Un día el elefante le dijo a la alondra que le tenía envidia por poder volar. ¡Cuánto le gustaría remontarse por los aires, ver la tierra desde las alturas, llegar a cualquier sitio en cualquier momento! Pero con su peso… ¡era imposible!

La alondra le dijo que era muy fácil. Se quitó con el pico una pluma de la cola y le dijo: “Aprieta fuerte esta pluma en la boca, y agita rápidamente las orejas arriba y abajo”…

El elefante hizo lo que la alondra le había dicho, apretó con fuerza la pluma en la boca para que no se le fuese y comenzó a agitar sus grandes orejas arriba y abajo con toda su energía.  Poco a poco notó que se levantaba, despegaba, se sostenía en el aire y podía ir donde quisiese por los aires con toda facilidad. Entonces vio la tierra desde las alturas, vio los animales y los hombres, cruzó por lo alto el río profundo que había marcado el límite de su territorio, exploró paisajes desconocidos y volvió al fin, feliz y contento a aterrizar al sitio donde había dejado a la alondra.

“No sabes cuánto te agradezco esta pluma milagrosa”, le dijo.  Y se la guardó cuidadosamente detrás de la oreja para volver a usarla en cuanto quisiera volar otra vez.

La alondra le contestó: “Oh, esa pluma. La verdad es que no vale nada. Se me iba a caer de todos modos y era inútil.  Pero tenía que darte algo para que creyeras y se me ocurrió eso. Lo que te hizo volar fue lo bien que agitaste las orejas, no mi pluma”… Cuentan que el elefante lo volvió a intentar mil veces más, pero sabiendo que la pluma no era mágica y siendo consciente de su peso… jamás volvió a volar…

Si tienes un sueño no seas tú mismo el que le pone los límites, porque sino jamás alcanzarás a concretarlo y solo buscarás mil excusas para justificar tu fracaso… Deja volar tu imaginación, pon todo tu esfuerzo y fe de que vas a poder llegar a la meta y nunca te rindas, porque los límites terminan cediendo ante el embate persistente del entusiasmo, la confianza y la convicción… De ti depende…

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