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No todo lo que reluce es oro…
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No todo lo que reluce es oro…

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Tab Machado
Tab Machado

Todo lo que brilla ha sido, desde el principio de los tiempos, motivo de fascinación para el ser humano pero, como no todo lo que resplandece tiene valor, a veces uno se deslumbra y encandila con cosas que no son lo que creíamos.

Así les pasó, por ejemplo, a los primeros pobladores de las Américas, cuando los europeos llegaron con cuentas de vidrio para cambiarlas por oro y los autóctonos pensaron que el intercambio era justo y del mismo valor, hasta que comprendieron con mucho dolor (y hasta sangre) que no todo lo que reluce es oro…

Y esto, lamentablemente, ha pasado desde el principio de los tiempos y se ha ido intensificando con el correr de la historia, ya que ensalzar y darle brillo a las acciones y valores individuales se ha convertido en un verdadero artilugio para aquellas personas que quieren aparentar ante los demás lo que no son….

Por eso hay que tener mucho cuidado con estos “camaleones” que saben ocultar y disfrazar muy bien sus intenciones detrás de una apariencia resplandeciente pero absolutamente yerma, vacía y carente de valor.

Cuenta una historia que unas personas muy acaudaladas invitaron a un banquete al Maestro Ikkyú… Éste llegó vestido con ropas de mendigo y el anfitrión, sin reconocerlo, lo hizo a un lado y le dijo: “No podemos tenerte en el umbral. Esperamos en cualquier momento al famoso Maestro Ikkyú”.

El Maestro volvió a su casa, cambió sus ropas por el manto ceremonial y se presentó nuevamente. Fue recibido entonces con respeto e introducido en la sala del banquete. Allí se quitó el manto, lo acomodó sobre el cojín que le habían reservado y dijo: “Supongo que has invitado al manto, ya que a mí me echaste hace un momento” y luego se marchó.

En una sociedad donde todo se vale para conseguir un resultado favorable a los deseos personales, el brillo desmedido de valores y acciones ha pasado a ser una herramienta poderosa que seduce, embelesa, conquista y persuade así que, si uno quiere evitar caer en ese hechizo, debe invariablemente contraponer el hecho a la palabra. Y si te preocupa no caer en la tentación de darle más brillo a tus acciones que el valor que realmente tienen, nunca niegues con tus actos lo que pregonas con tu boca porque la palabra brillante, sin un hecho concreto que la reafirme y refrende, carece de una consistencia efectiva que la soporte…

 

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