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Nos creemos gigantes y somos pigmeos…

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El mundo gira y gira sin cesar y ahí vamos nosotros, aferrados como podemos a esta pequeña roca universal que nos ha permitido existir y perpetuarnos, mientras miramos sorprendidos e inquisidores todo lo que nos rodea. Sin embargo parece que el ser humano cuanto más profundiza, especifica y aprende… menos entiende su entorno y, peor aún, puede descifrar su yo que clama desesperado por atención desde su infinito e inabarcable vacío interior.

Nos hemos convencido que despejando el cómo, cuándo y cuánto, nos permitirá crecer y madurar como especie y hemos desechado olímpicamente el porqué, para que y, eventualmente, el quien… La ciencia descorrió el velo de la ignorancia, pero su vanagloria confinó nuestro espíritu a un estado vegetativo y lo dejó listo para que la próxima mutación genética lo haga desaparecer, convirtiéndonos finalmente en robots de carne y hueso, similares a esos de acero y electrónica que tanto ha profetizado y promovido la humanidad, que se muestran henchidos de inteligencia pero sin el aditivo fundamental de la espiritualidad que siempre nos ha dado (aunque pobremente) el toque de singularidad y distinción.  

Y así seguimos aprendiendo sobre lo ya aprendido, pero no avanzamos como especie y eso es lo que preocupa. Hace unos días, por ejemplo, un artículo publicado da cuenta del descubrimiento de un nuevo órgano digestivo en el cuerpo humano que es objeto de estudio por parte de la ciencia médica: se trata del mesenterio, un repliegue que conecta el intestino con el abdomen, que luego de siglos en los que se lo creyó una estructura fragmentada ha pasado a considerarse un órgano y una estructura continua y completa.

El autor del estudio, J. Calvin Coffey, dice que esta reclasificación “es relevante mundialmente, ya que nos afecta a todos. Hasta ahora no existía el campo de la ciencia “mesentérica”. Ahora ya hemos establecido su anatomía y estructura. El siguiente paso es determinar su función. Si entendemos su función podremos reconocer anomalías en su funcionamiento y prevenir enfermedades. Al juntar todo esto, tenemos todas las bases para crear un nuevo campo científico”… 

Como ven, aunque no lo parezca, los expertos aun tratan de entender nuestro propio cuerpo y el funcionamiento especifico de sus órganos, lo que es muy loable, estimable y meritorio. Solo les pediría a los científicos que ya que auscultan milimétricamente nuestro interior con tanto celo, entusiasmo y devoción… se fijen cuando puedan (aunque sea someramente y a la pasada) donde han quedado nuestro corazón y cerebro, allí donde tendrían que anidar nuestra espiritualidad y conciencia, porque temo que su poco uso esté atrofiando estas importantes funciones básicas para la existencia humana…

En este mundo sin sentido, en donde vivimos en ficticia sociedad, hemos sido capaces de aprender cada una de las leyes que gobierna la naturaleza, pero no hemos entendido como debemos usarlas. Realizamos enormes prodigios en los campos de la ciencia y la tecnología que nos dan bienestar, pero luego se convierten es artículos de lujos que solo sirven para ostentar. La psicología ha logrado también avances increíbles en el estudio y análisis de la conducta y los procesos mentales de los individuos y grupos humanos en distintas situaciones pero, sin embargo, hay más discriminación que nunca, la falta de solidaridad es alarmante y el individualismo se ha vuelto feroz… En una palabra: nos creemos gigantes únicos e irrepetibles dentro de nuestra minúscula roca espacial, pero tan solo somos pigmeos insignificantes que aun no sabemos cómo lidiar con nuestra espiritualidad, ego y nuestra aglomeración mal llamada sociedad. Así vamos y así vivimos en este loco, loco mundo que ha inventado el hombre. 

 

 

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