Home Editoriales Obsesión/Flash
0

Obsesión/Flash

0
0
Tab Machado
Tab Machado

La gran invención de las redes sociales nos ha permitido achicar las distancias, comunicarnos con mas personas, reunir en nuestro entorno a cientos de seguidores, amigos y curiosos a quienes queremos dejarles saber de nuestras actividades pero, si no se controla el impulso por compartir todo lo que ocurre en nuestro alrededor, el cometido se vuelve una obsesión peligrosa y cada flash que uno dispara para capturar un momento, se vuelve una tortura si no se levanta a internet para que todos sepan lo que hacemos… Y eso no es lo peor, ya que a partir del momento que uno sube algo a las redes sociales, queda preso de la curiosidad de saber quien las ve, a quienes les gusta y nos lo hacen saber, que clase de comentarios produce y un sinfín de etcéteras que van capturando nuestra atención y nos generan nuevas obsesiones que ocupan completamente nuestro foco de atención y nos hacen vivir en un mundo paralelo que nos aleja totalmente de la realidad que nos rodea.

¿No lo creen? Pues fíjense en esta historia real que ha ocurrido. Un hombre se divorció de su esposa pues ella pasó la noche de bodas enviando mensajes de texto a sus amigos en lugar de estar con su marido. El novio estaba furioso con su esposa porque, desde que llegaron a la habitación del hotel después de la ceremonia, ella estuvo todo el tiempo pegada a su teléfono.

A pesar de que el marido intentó acercarse a su mujer, esta lo rechazó porque quería responder a los mensajes de texto de las personas que la felicitaban o comentaban cosas de su fiesta. Un familiar explicó que “el novio intentó acercarse y crear un ambiente más íntimo, pero le sorprendió que ella lo ignorara y no le prestara la más mínima atención”. “Cuando le preguntó si sus amigos eran más importantes que él, la novia le dijo que sí”, añadió.

La mujer terminó enfadándose porque el esposo le pidió que dejara de enviar mensajes y la pareja tuvo una acalorada discusión. Finalmente el esposo le pidió el divorcio y se marchó.

Aunque parezca increíble este tipo de situaciones son una triste realidad en el mundo actual. En lo personal, por ejemplo, he visto a personas atender sus teléfonos y chequear las redes en el cine cuando ya comenzó la película o en un evento al cual asisten y deben de prestarle atención, dando un simple paseo por el parque, cruzando la calle, en una reunión familiar o de amigos, frente a un espléndido atardecer o durante las vacaciones. Si se es adicto a las redes sociales el foco de atención no está allí donde estamos, ni se presta atención a lo que o quienes nos rodean, sino al aparato que nos conecta al mundo etéreo y nos permite alardear de lo que somos, vivimos o tenemos.

Así es la vida que nos ha tocado vivir, tenemos a la mano inventos geniales de comunicación y expresión que, por utilizar obsesiva y compulsivamente, terminan robándonos aquellos momentos que deberíamos atesorar. Mejor vive el momento con intensidad, disfruta de lo que tu entorno te ofrece y, si decides compartir finalmente tu vivencia en la red, no dejes que esta te atrape y quite el increíble privilegio de vivir. Recuerda siempre que por muchos ‘likes’ y comentarios elogiosos que recibas, estos jamás serán superiores a esos sublimes instantes que son igual que el flash de la cámara: efímeros, breves, intensos, fugaces y que, lamentablemente, suelen ser muy difíciles de repetirse. Privilegia siempre tu espíritu por sobre tu ego y la vida cobrará todo el sentido que pretendes o buscas… De ti depende.

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *