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¿Padres buenos o buenos padres?
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¿Padres buenos o buenos padres?

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Criar a los hijos no es una ciencia exacta, los éxitos y los errores son parte de la difícil tarea de ser padres pero, lo más importante para el éxito familiar, es entender la diferencia entre ser buenos padres o padres buenos…

Desde un punto de vista social, se considera que es muy difícil llegar a ser un buen padre, sin embargo muchos señalan que ser un padre bueno es bastante sencillo. Entender la diferencia entre ser buenos padres o padres buenos puede ser el paso principal para que los hijos alcancen sus propias metas en la vida.

Ser padres perfectos es una aspiración que no es realista, de acuerdo con el psicólogo y profesor de la Universidad de Temple, Laurence Steinberg, quien habla de diez principios básicos para una buena paternidad. De acuerdo con Steinberg, una buena paternidad es aquella que fomenta ajustes psicológicos, con elementos tales como la honestidad, empatía, autogestión, amabilidad, cooperación, autocontrol y la jovialidad.

“La buena paternidad es aquella que ayuda a los hijos a ser exitosos en la escuela, promoviendo el desarrollo de la curiosidad intelectual, la motivación para aprender y el deseo de obtener logros”, explica, agregando que una buena paternidad disuade también a los hijos contra comportamientos antisociales y “los protege contra el desarrollo de la ansiedad, la depresión, los desordenes alimenticios y otros tipos de angustias psicológicas”.

Según Steinberg el primer principio para ser buen padre es que se pregunten “qué es realmente importante” para los hijos, porque la manera como se trata y responde a ellos debe estar fundamentada en un sentido deliberado y conocedor de lo que se desea lograr.

Otro principio, según el experto, es no sustituir el amor por posesiones materiales o el ser indulgente. Además, involucrarse en la vida de los hijos es otro principio para ser buenos padres, algo que con frecuencia “implica establecer prioridades y sacrificar lo que deseas hacer por lo que el niño necesita”.

Adaptar la paternidad para que se ajuste al desarrollo del niño es también importante y para esto se debe entender que, por ejemplo, “el impulso de independencia que lleva a un niño de tres años a decir ‘no’ todo el tiempo es el mismo que lo está motivando a entrenarse para ir al baño solo”. Los padres deben aprender a reconocer las etapas de desarrollo de los hijos y los comportamientos que en diversas áreas representan pasos de su crecimiento.

Por otro lado, el principio de establecer y fijar reglas es fundamental, porque “si usted no maneja el comportamiento de su hijo cuando es pequeño, él tendrá tiempos difíciles aprendiendo cómo manejarse a sí mismo cuando crezca y usted no esté a su lado”, señala el profesor.

Steinberg explica que establecer límites ayuda a los niños a desarrollar autocontrol, pero fomentar su independencia es otro principio que lo ayuda a promover un sentido de auto-dirección. Añade que las reglas y decisiones que se toman, ser consistentes y tratar a los hijos con respeto, son otros principios para desarrollar una buena paternidad.

Steinberg expresa también  que el principio de evitar métodos disciplinarios rigurosos es fundamental y de todos ellos el más negativo es pegarles, pues promueve niños propensos a pelearse con otros y a usar la agresión como forma de resolver disputas.

¿Por qué las normas y los límites son necesarios?

Aunque suponen un mayor gasto energético para los padres, pues se ha de vigilar su cumplimiento, marcar límites a los niños se hace necesario, ya que:

  • dan seguridad y protección
  • si el niño es más fuerte que los padres, no se podrá sentir protegido por ellos.
  • permite predecir la reacción de los padres ante determinadas situaciones y comportamientos.
  • ayudan al niño a tener claros determinados criterios sobre las cosas. Son una referencia.
  • enseñan al niño a saber renunciar a sus deseos y ello le prepara para situaciones similares que la vida le deparará.

¿Qué hace que a algunos padres les cueste poner límites a sus hijos?

Puede tratarse de padres que sienten que no tienen energías suficientes para enfrentarse a sus hijos o padres que intentan, de esta forma, compensar el poco tiempo de dedicación que les pueden dar. También hay padres inseguros y con poca autoestima, que desean ser aceptados por sus hijos y que no confían en sus propias decisiones ni en su capacidad para defenderlas. Del mismo modo hay padres que, entre sí, tienen opiniones distintas sobre una misma situación e infravaloran o desacreditan el juicio del otro progenitor. No hay respeto entre ellos. En estos casos, se hace necesario el asesoramiento y seguimiento de la situación, por parte de algún especialista…

¿Qué es lo realmente perjudicial para el desarrollo del niño?

Todas las situaciones extremas perjudican el crecimiento y desarrollo del niño: tanto el establecer límites o normas demasiado estrictas o excesivas en cuanto a cantidad, pues ello no dejaría crecer al niño, asi  como el no poner ningún tipo de límites a su comportamiento.  Las consecuencias de esta actitud darán lugar a un niño que no tiene nunca suficiente, cuyas exigencias son cada vez más elevadas y donde las negativas serán cada vez vividas de forma peor. Estaremos pues ante un niño, con gran dificultad en postergar la satisfacción de sus deseos, con lo que ello supone. Su autoestima quedará ligada a la posesión material de cosas, es decir, una alta dependencia de los objetos materiales.

¿Qué condiciones son fundamentales para poder establecer con éxito límites a los hijos?

Para que el niño se muestre dispuesto a aceptar las normas o los límites marcados por los padres, es necesario que se cumplan condiciones:

  • que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño.
  • que los padres estén convencidos de aquello que exigen y, por tanto, han de luchar para su cumplimiento.
  • que las normas marcadas han de ser claras, realmente necesarias y, por tanto, no han de ser excesivas, pues ello acabaría por convertirlas a todas en ineficaces.
  • los padres deben comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el ejemplo también se enseña; por tanto, han de ser consecuentes con el modo habitual de hacer en casa.
  • es normal y habitual que el niño quiera probar, con su actitud y conducta, hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el límite marcado.
    Es, en ese momento, cuando hay que mostrarse firmes, pues si se cede, después costará mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas.
  • todo ello no excluye la necesidad de que los padres adopten una mentalidad flexible que les permita ir adaptando esas normas a la situación, al momento y edad del niño.

Diferencias fundamentales entre ser  buen padre y padre bueno:

  • El buen padre dice que sí cuando es sí y no cuando es no. Este comportamiento no implica dureza sino educación, ya que uno de los principios fundamentales que debe aprender el niño es la diferencia entre el bien y el mal. El padre bueno sólo sabe decir que sí.
  • El padre bueno hace del niño un pequeño Dios mimado y malcriado que acaba en un pequeño demonio. En cambio el buen padre no hace ídolos, ve al niño como lo que es: un niño.
  • El buen padre echa a volar la fantasía de su hijo dejándole crear. El padre bueno modula la voluntad de su hijo ahorrándole esfuerzos y responsabilidades.

Aprender a comunicarse, amar a los hijos, tener tiempo para ellos, educar y darle valores es parte fundamental del proceso de ser buenos padres. Recuerda siempre que tu hijo va a apreciar y valorar mucho más que seas un buen padre, que un padre bueno y va a hacer que tu ejemplo lo perpetúe en el tiempo.

 

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