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¿Para donde das el paso?

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Tab Machado
Tab Machado

¿Te has encontrado alguna vez acorralado por un problema que te hace pensar que estas al borde de un abismo y una manada de lobos hambrientos vienen hacia ti? Un paso al borde de ese precipicio, ante tal situación,  tiene que ser bien dado… puedes elegir el vacio y escapar de los problemas o dar un paso a tierra firme y jugar tu última carta… ¿Qué actitud tomarías? ¿Para donde darías el paso?…

Muchas personas se encuentran a diario ante esta situación y piensan que no tienen salida ni escapatoria, pero eludir los problemas, o no enfrentarlos, es la peor decisión que uno puede tomar en la vida… Puede que no nos vaya bien, pero si asumimos las consecuencias y enfrentamos con decisión la adversidad, seguramente vamos a resolver el problema y vamos a poder mirar más allá del nubarrón que amenaza nuestro presente, pudiendo avizorar un futuro más prometedor que la actualidad que nos agobia …

Cuenta una historia real que se terminaba la década del ´40 y no era una época fácil en Europa. La segunda guerra mundial había dejado a Francia en ruinas. Jacques Cousteau, un joven oficial de la marina decidió dar un vuelco a su vida, con la ayuda de sus amigos y un sponsor, compra un viejo dragaminas fuera de servicio y lo bautiza ‘Calypso’, renuncia a la marina y convence a un grupo de buzos de acompañarlo en la gran aventura: Recorrer los mares del mundo filmando los fondos oceánicos.  Todos sus ahorros se gastaron en equipamientos, vendió su casa para costear el viaje, todo su pasado y su futuro estaban puestos en ese viejo barco. Partieron rumbo al Mar Rojo donde planeaban filmar su primera película.  Al llegar anclaron el barco cerca de la costa de Egipto y todos los hombres fueron al agua, en el barco sólo quedó la esposa de Cousteau, Simone.

Mientras que los buzos estaban bajo el agua el cielo se cubrió de nubes, la superficie del mar se encrespó, comenzó a soplar un fuerte viento. Los buzos no pudieron volver al barco, nadaron hacia la costa. Una vez ahí contemplaron al Calypso que se sacudía con cada golpe de ola, tironeando el cabo del ancla que se rompería inevitablemente. Cousteau temía por su esposa, una mujer delgada que no tenía idea de barcos ni de navegación.  Los buzos, presos de impotencia, esperaban la rotura del cabo del ancla para ver como todas sus ilusiones se hundían con el viejo buque.

El cabo se rompió en un estallido seco e inmediatamente se escuchó el motor del barco que se ponía en marcha, viraba a babor y se internaba en el mar de frente a la tormenta, al timón estaba Simone Cousteau y no parecía estar dispuesta a dejar hundir al Calypso, como no sabía nada de náutica decidió ir mar adentro donde no podría chocar con nada. Viajaba hacia la tormenta.

Ocho horas duró la lucha entre el viejo dragaminas y el mar, ocho horas donde una mujer sola, que nunca antes había estado en un barco, sacaba fuerzas de la nada para evitar que los sueños de su marido se hundieran ese día.

Cuando la tormenta terminó llevó al barco hacia la costa que se veía a la distancia pero como no lo sabía atracar y ya no tenía ancla, simplemente lo dejó flotar a la deriva con el motor apagado esperando que los buzos, que miraban la maniobra desde tierra, se pudiera acercar a nado. Al llegar encontraron a una Simone sonriente que, ante la sorpresa de todos, los recibió con café caliente.

Pasaron muchos años y Cousteau adquirió fama internacional. En 1980, en un reportaje, un periodista le preguntó si era difícil comandar el Calypso, Cousteau contestó: “No si está Simone a bordo, ella es la cocinera, la que aconseja, la que pone fin a las peleas, la que nos reta, nuestra mejor crítica, nuestra primera admiradora, la que salva al barco de las tormentas. Ella es la sonrisa cada mañana y el saludo antes de irnos a dormir. El Calypso podría haber vivido sin mí, pero no sin Simone”…

Por muchas y fuertes que sean las caídas y dificultades, nunca te dejes vencer y si te encuentras al borde del abismo, mientras una manda de lobos hambrientos te persigue, elije dar un paso hacia ellos y enfrentarlos… que los problemas se rinden ante la persistencia y la fe…

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