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¡Para que les cuento!

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Vivimos en un tiempo extraño y perturbador, donde fingir es lo normal, prometer es la moneda más corriente de intercambio social, laboral y/o familiar y exaltar o destacar lo superfluo es la carta de presentación de la mayoría de las personas. Por eso no es de extrañar que la gente prefiera hoy fotografiarse (o hacerse selfies para estar a tono con la época) destacando lo que consideran sus cualidades mas excepcionales: músculos, bíceps, tríceps, glúteos, abdominales, todo con poses estudiadas y con el perfil justo para exaltar el ego. Y, si tienen la suerte de poseer photoshop… ¡Válgame Dios! ¡Para que les cuento!

Conjuntamente y para así poder completar el cliché de personas elegantes y mundanas, en internet se dispone de las frases más geniales (que se pueden replicar sin ningún esfuerzo mental) para así proyectar una perfecta visión de lo que, en realidad, no somos.

Es pensando en todo esto que recordé la vieja fabula del asno con piel de león… Un pequeño e insignificante  burro recorría cierto día un polvoriento sendero de regreso a su casa, cuando se topó con la piel de un león que había caído en forma descuidada de una carreta. El asno tomó la piel y se la arrojó encima, luego siguió caminando cansinamente hacia su establo. De repente  comenzó a ver qué, a su paso, los demás animales se asustaban y huían despavoridos por el terror de ver que había llegado un león a la comarca.

El asno se puso feliz al ver el temor y el respeto que infundía con tal vestimenta así que, al llegar a la casa, se miró en un viejo espejo y comenzó de inmediato a ensayar rugidos y poses. Al principio entre los rugidos se le escapaba algún un rebuzno, pero tanto insistió hasta que imitó a la perfección el bramido del león.

Ufano por su conquista y por el miedo que despertaba con su piel, sus poses y sus rugidos, el borrico se paseaba por prados y montes asustando a todo animal que se cruzase en su camino. Hasta la bestia más feroz palidecía ante semejante porte… pero en cierta ocasión para su desgracia, mientras corría a un oso por el bosque, el asno no se dio cuenta que su piel quedó enganchada en la rama de un pino y que los animales podían ahora verlo dar fuertes rugidos de león, pero que era un simple burro. De inmediato todos echaron a reír y a hacerle burlas y el burro volvió a su establo mas compungido que nunca porque su farsa se había acabado…

Apostar todo a ‘la percha’ (apariencia física), a las poses fingidas y a palabras bonitas que dijeron terceros podrán dar cierta popularidad a distancia pero basta tan solo un pequeño contacto personal para que, haciendo una rápida  radiografía de cerebro y alma, nos demos cuenta que el envase a nuestro frente está completamente vacío y sin ninguna sustancia. Por eso jamás apuestes únicamente a tu exterior, ejercita también con muchas ganas tu mente y tu alma y serás, sencillamente, inolvidable…

 

 

 

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