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Permíteles soñar
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Tab Machado
Tab Machado

Esta semana me dijeron una frase que quedó resonando en mi mente: “a mis hijos no les niego nada, no quiero que sufran lo que yo sufrí”… Y, si bien el deseo es muy loable, el tema de querer darles a los hijos todo lo que uno no pudo tener cuando niño es un gran problema que se ha filtrado y permanece silencioso en muchos hogares de personas que han pasado mil vicisitudes y han salido adelante con gran entrega y sacrificio.

Esto se magnifica muchísimo más, aun, en nuestros hogares de comunidad migrante (no importa de donde uno venga), porque es una de las formas que tienen los mayores de sentir que el sacrificio que han hecho ha valido la pena.

Sin embargo y, aunque muy pocas personas lo crean o lo entiendan, darle todo a los hijos y ser tolerantes en demasía lo único que logra, en la gran mayoría de los casos, es formar personas déspotas, mezquinas, con poco espíritu de sacrificio y siempre esperando tenerlo todo de mano de los demás a cambio de nada…

Hay una historia que ejemplifica claramente esta situación… Es la fábula de los dos reyes que se odiaban con gran aversión y vivían sus días peleando el uno contra el otro sin piedad. En una ocasión, fruto de una incursión afortunada al país vecino, uno de los reyes consiguió capturar al hijo del otro, un niño de tan solo unos meses que aun no tenía conciencia del mundo.

Para vengarse de tantos momentos amargos y sufrimientos que su reino había vivido, los consejeros del rey captor le sugerían miles de tormentos refinados e imaginativos con los que sacrificar al heredero de su rival y atormentar a su malvado vecino. Sin embargo el rey, para sorpresa de todos, ordenó que lo criasen en un lujosísimo palacio, rodeado por sirvientes que se desvivieran por satisfacer hasta el más mínimo de sus caprichos.

Así, el niño creció muy mimado, caprichoso y malcriado, transformándose luego en un adolescente cruel, déspota y mezquino y terminar convertido en un joven malvado, ruin y opresor. Cuando el muchacho cumplió 20 años, el rey se lo devolvió a su archienemigo vecino que lo acogió nuevamente con entusiasmo y agradecimiento.

Sin embargo, al cabo de pocas semanas, la alegría, jubilo y satisfacción por la vuelta del joven  se transformó rápidamente en impotencia, rabia, abatimiento y rencor… hasta que, cierta noche, el desesperado padre enloquecido por el dolor se suicidó arrojándose al vacío desde la torre más alta del castillo, ya que no podía soportar ver en lo que se había convertido su hijo. De esta manera, la venganza de su enemigo se había cumplido de la manera más cruel…

La historia demuestra gráficamente que el consentimiento sin límites y la compra de todas las cosas materiales que quieran los niños, sin darle ni siquiera tiempo a desearlas, solo van formando futuros adultos exigentes y egoístas, que creen que los demás están solo para servirlos.

Por eso ama a tus hijos con todo el corazón, se pródigo en besos y abrazos, dales el tiempo que requieren, responde a sus preguntas, ten paciencia y compréndelos cuando se equivocan, edúcalos, incúlcales valores, ayúdalos y corrígelos si cometen errores, enséñales los límites que hay entre el derecho y el deber y sé un buen guía predicando con él ejemplo…

Eso sí, no le compres todo de inmediato, dales tiempo y espacio para desear, para imaginarse, para ansiar, si todo se lo proporcionas sin ese tiempo, les estarás cortando las alas y no los dejarás volar. Finalmente, si quieres darles a tus hijos algo que realmente apreciarán en el futuro, ofréceles algo por lo que soñar y una meta para alcanzar… créeme que te lo agradecerán por siempre.

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