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¡Piénsalo dos veces!
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¡Piénsalo dos veces!

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La vida, en más de una oportunidad, nos pone en el intríngulis de decidir si ayudamos a alguien que tiene un problema o somos indiferentes ante su preocupación. A veces parece que la dificultad es tan ajena a nosotros que nunca nos va a tocar y decidimos no intervenir pero, el llamado ‘efecto dominó’ de la vida, muchas veces nos puede poner en mayores aprietos de los que tendríamos si en realidad hubiésemos intervenido…

Para que resulte mas entendible todo esto, les narro una historia sumamente gráfica de lo que puede suceder cuando el ‘efecto dominó’ nos alcanza…

Un ratón, mirando por un agujero que había en la pared, vio a un granjero y su esposa abriendo un paquete, por lo que enseguida pensó  qué tipo de comida podría haber allí.

Quedó aterrorizado cuando descubrió que lo que había en el paquete era una trampa para ratones, por lo que fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: “¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en lacasa!”…

La gallina, que estaba cacareando y escarbando, levantó la cabeza y le dijo: “Discúlpeme Sr. Ratón, yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mi no me perjudica en nada, ni me incomoda”.

El ratón no se dio por vencido y le dijo al cordero: “¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!”

“Discúlpeme Sr. Ratón”, respondió el cordero, “pero no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo que será recordado en mis oraciones”.

El ratón se dirigió entonces a la vaca y la vaca le repitió lo mismo: “¿Acaso estoy en peligro? Pienso que no”, dijo la vaca. Entonces el ratón volvió a la casa, preocupado y abatido, para encarar a la ratonera del granjero.

Aquella noche se oyó  un gran barullo en la cocina, como el de una ratonera apresando a su víctima. La mujer del granjero corrió para ver lo que había atrapado pero, en la oscuridad, ella no vio que la ratonera había apresado la cola de una serpiente venenosa por lo que, al acercarse, la víbora la mordió.

El granjero la llevó inmediatamente al hospital y ella, después de unas horas, volvió a la casa con fiebre. Todo el mundo sabe que para alimentar a alguien con fiebre, nada mejor que una sopa, así que el granjero agarró su cuchillo y fue a buscar el ingrediente principal: la gallina.

Como la enfermedad de la mujer continuaba, los amigos y vecinos fueron a visitarla y el granjero, para agasajarlos y agradecerles la atención, mató el cordero y ofreció una cena. La mujer no mejoró y acabó muriendo, por lo que el granjero vendió la vaca al matadero para cubrir los gastos del funeral…

Esto nos enseña que nadie puede estar lo demasiado lejos de un problema para que el mismo no nos llegue a afectar. La próxima vez que escuches que alguien tiene un problema y creas que, como no es tuyo, no debes prestarle atención… ¡piénsalo dos veces!… ya que el que no vive para servir, no sirve para vivir…

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