Politizados al mil por ciento

El mundo definitivamente ha cambiado con el estallido y masificación de las redes sociales, ese espacio en el que todos quieren estar y la mayoría utiliza para ostentar una vida que no tiene… (como dijo Pedro Calderón de la Barca: “si fingimos lo que somos… entonces seamos lo que fingimos”).

Vivimos la era del narcisismo digital expresado a través de una serie de acciones diarias como las selfies o compartir cada momento que puede ser interpretado por terceros como ‘éxito’ o ‘buena vida’, para lograr la mayor cantidad posibles de “me gusta” y comentarios (positivos siempre) que sirvan para reafirmar ese sentido de ‘notoriedad y popularidad’ que las personas desean transmitir de sí mismo.

Se puede decir que es hasta ‘lógico’ que un mundo virtual establecido y aceptado de ese modo (donde la mayoría trata de mostrarse exitoso y popular) sea campo muy fértil también para la política, los políticos y sus fieles seguidores… Y como desde hace un buen tiempo a esta parte estamos siempre en ‘campaña política’ porque las elecciones se han diversificado tanto (las hay locales, estatales, nacionales, generales, de medio tiempo, del país de origen, del país de residencia) que siempre hay una en el horizonte cercano, por lo que las redes se han convertido en una extensión perenne de la arena política, donde todos opinan y debaten tratando de llevar agua para su molino.

Tampoco es de extrañar que, así como las personas buscan a diario mostrarse ‘exitosos’, los políticos y sus seguidores fieles exhiban en las redes sus mejores logros y características positivas, manifestando y promoviendo, además, ‘todos’ los ‘proyectos positivos para la comunidad’. Incluso, en un acto sublime de ardid y/o artificio muchos de ellos impostan una sonrisa perenne para toda ocasión, tan fingida como tensa, que los delata al instante. Incluso, en esos momentos ‘eleccionarios’ hasta ‘viajan’ en autobuses públicos, visitan lugares que no lo harían nunca, se abrazan con quien ni siquiera pensaban y hasta ‘practican’ usos populares que jamás repetirían en su diario vivir. Todo es válido para mostrarse ‘populares’ y ‘exitosos’ como lo marca ‘la ley’ de las redes sociales…

Si claro, también está la contraparte, aquella que ejercen los detractores de esos políticos y admiradores de otros, que tratan de denostar cada actitud, palabra o proyecto que tiene el rival y ensalzar como insuperable las que ellos quieren promover, agraviando e injuriando sin ningún prurito a los que están en contra. Entonces todo se vuelve una contienda en el que sobran los constantes agravios y desacreditaciones que lo sufren todos, incluso (o más aun), los que están saturados de la politiquería barata…

No hay duda, vivimos en una época diferente donde la politización ha crecido mil por ciento y nos ha invadido hasta avasallarnos, al punto de que cada vez es más creciente el número de personas que se vuelven indiferentes y descreídas de todo lo que ella pueda aportar a favor de la sociedad en su conjunto. De ahí el gran desprecio que crece entre la gente por los políticos y sus políticas y que lleva a que cada día sean más los que desean que llegue al poder gente ‘común’ y ‘corriente’…

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