Home Editoriales Practiquemos solidaridad con convicción
Practiquemos solidaridad con convicción
0

Practiquemos solidaridad con convicción

0
0
Carlos Rojas
Carlos Rojas

En nuestros días, querido lector de Ultimas Noticias, la palabra solidaridad ha recuperado popularidad hasta en las más altas esferas….  La solidaridad debe ser impulsada por la convicción y la virtud, porque si no, no puede formalmente llamársele solidaridad…

Por ejemplo: aquel que da un billete a un menesteroso sin duda está haciendo algo bueno, así el pordiosero con ese billete podrá comprar comida, ropa o lo que él guste. Pero si este acto lo hace para que otras personas lo vean y así aparentar caridad o ganarse simpatías, entonces ese acto que es materialmente bueno y solidario, se convierte en un acto deplorablemente infructuoso y además en un acto definitivamente egoísta, que lejos de engrandecer a la persona, la empobrece.

Oponerse a la solidaridad es oponerse a la naturaleza social del hombre y equivale a afirmar que uno es autosuficiente, que no necesita de otros, que los otros no lo merecen, que no le debe nada a nadie. No escuchar el llamado a la solidaridad es una acción que desvirtúa al ser humano para convertirlo en un ser solitario, egoísta, fuera de la realidad, lejano de los otros hombres, duro de corazón, profuso para exigir, pobre para ofrecer.

Querer olvidar la solidaridad y observar con los brazos cruzados las necesidades de los demás es un síntoma de un profundo egoísmo, una irreparable ceguera o una asombrosa ingratitud. La solidaridad es una bendición si la practicamos con honestidad…

Aquí un ejemplo  de solidaridad: el 19 de septiembre de 1985 en la Ciudad de México ocurrió un terremoto y diversas naciones se solidarizaron con México. Ropa, dinero, comida, cobertores, equipos ayudando en las tareas de rescate estuvieron presentes… Ahí se notó una muestra de fraternidad universal, donde las naciones toman conciencia y responsabilidad por las necesidades de otros, ojalá siempre fuese así, pero… no.  Tenemos que manifestar nuestra solidaridad verdadera a todas las necesidades, ya sean jurídicos, filosóficos o morales los argumentos que se esgriman a favor de ella.

Cualquier hombre que acepte a la justicia como la constante y perpetua disposición de dar a cada quien lo que por derecho le corresponde sabrá, por lo mismo, observar en la solidaridad una verdadera exigencia de la justicia misma y un llamado urgente de caridad universal…

Tristemente recordamos que en el año 2000 el Papa Juan Pablo II pidió a diversos países del primer mundo la condonación de las deudas a los países en vías de desarrollo, y las naciones pusieron oídos sordos al llamado de solidaridad. La esperanza de las naciones pobres se apagó ante la egoísta negativa de los países desarrollados…

Podemos afirmar con esto que todavía, a pesar de la supuesta globalización y de la supuesta hermandad de todos los pueblos, la solidaridad plena es aún difícil de alcanzar. Y esta será, desde luego, prácticamente inalcanzable mientras que en los individuos no exista esa disposición constante de apoyar el bien común…

Podemos observar, que la solidaridad social tiene distintos matices y todos estamos obligados a ella, ya sea por ley positiva o natural, porque todos formamos parte de la sociedad y todos nos beneficiamos de ella. Lo menos que debemos hacer es colaborar en justicia para alcanzar el bien común… El límite de la solidaridad es la medida de la vida humana, porque estamos llamados a dar todo –incluso la vida– y guardar para nosotros no más que lo indispensable. Lo demás es lujo que acrecienta la distancia de unos hombres con otros y obstaculiza el desarrollo de la sociedad en la medida que merma la capacidad humana de compartir, de cooperar y de pertenecer realmente a una sociedad de hombres iguales…

Ser solidarios, significa compartir la carga de los demás, ningún hombre es solo. Estamos unidos, sin ser  conscientes de esa unidad. Nos une el paisaje, nos une la carne y la sangre, nos unen el trabajo y la lengua que hablamos. Sin embargo, no siempre nos damos cuenta de esos vínculos, cuando nace la solidaridad se despierta la conciencia y aparecen entonces el lenguaje y la palabra. En ese instante sale a la luz todo lo que antes estaba escondido. Lo que nos une se hace visible para todos. Los hombres somos sociales para compartir las cargas, para crecer juntos, es algo justo y natural, no es tarea  de  virtuosos, ni de santos, ni de políticos ni de monjes… es tarea de hombres.  Gracias por leer Ultimas Noticias

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *