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Predicando con el ejemplo

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Tab Machado

La vida de los seres humanos encierra un terrible contrasentido, que ni el más grande dramaturgo de la historia la podría haber concebido jamás. Creo que el mejor refrán que podría representar a la humanidad y a la sociedad del hombre a través de los tiempos, es que borra con el codo lo que escribe con la mano. Y si para muestra basta un botón, yo podría nombrar tantos ejemplos, como un costurero entero.
Si nos volvemos en el tiempo los ejemplos cunden desde el comienzo mismo de la historia. Dios, por ejemplo, abrió el mar para que pasara su pueblo y escapara de los egipcios y, sin embargo, poco tiempo después la gente blasfemaba contra El.
Jesús realizó prodigios por doquier, sin embargo cuando el pueblo tuvo que decidir entre su vida y la de Barrabas, no dudó ni un instante y prefirió a este último, olvidándose de lo que había visto y escuchado.
Muchos aún hoy dicen seguir sus enseñanzas, concurren a Templos e Iglesias para adorarlo, pero se olvidan de su primer y máximo mandamiento, “Amaos los unos a los otros como yo los he amado”, o “has por tu prójimo como haces por ti mismo”.

Si esto se cumpliera cabalmente y si todos sus seguidores aplicáramos esos conceptos básicos, no habría racismo, no habría persecución a los más necesitados y habría seguramente más comprensión y más solidaridad entre todos, haciendo de este mundo lo que realmente debería de ser. Todos hablamos pero, en realidad, hacemos muy poco…

Es que el ser humano es de frágil memoria y de reacciones virulentas, olvidándose con extraordinaria rapidez de los favores recibidos y de los conceptos básicos de la vida.

El hombre quiere siempre lo máximo con el mínimo de los esfuerzos. Nadie quiere esperar, nadie quiere basar su vida en cimientos y conceptos firmes y duraderos. Todo lo contrario, para el hombre todo es breve, efímero, fugaz y su única satisfacción es el logro personal, aun por encima del bien común.

Es que el silogismo aplicado es… si yo logro mucho soy respetado y admirado, pero si muchos lo logran al igual que yo, entonces: ¿Cuál es mi satisfacción?

En cierta forma el hombre ha jugado a ser Dios, se ha querido parecer a El e, incluso, ha pensado que puede suplirlo. Para eso ha urdido el más maquiavélico de los planes, escondiéndose tras una fachada bonachona para ocultar su más puro sentimiento de poder… y, sino creen lo que les digo, basta dar una rápida mirada a este loco, loco mundo…  Por eso, ya que enero sobreviene al mes más espiritual del año, prolonguemos esa visión navideña el mayor tiempo posible predicando con el ejemplo.

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