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Premoniciones

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fantasma
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Las leyendas urbanas son fábulas populares que corren de boca en boca como si fueran ciertas…

María estaba platicando con Julia una amiga que había conocido  por chat, ella le había dicho que poseía ciertas cualidades de vidente, así que para convencer a María de que era verdad

Julia le dijo a su amiga de internet: “nací con ciertos dones y no tengo intención de ocultarlos al mundo. No es algo que uno elija, se nace con ello”…

María entre intrigada y desconfiada de que fuera verdad le preguntó a su amiga: “¿Puedes verme?” . Entonces Julia dijo algo que asusto a su amiga: “Si,  puedo verte”…

María sintió un escalofrío pero decidió seguirle la corriente: “¿Ah, sí? Pues dime… ¿con quién estoy?”

“Sola”, respondió Julia. Eso puede haberlo deducido pensó María así que le respondió: “Dime algo que me sorprenda. Algo que veas en mi habitación”.

Julia respondió rápido: “Veo que tienes algunas de las teclas de tu ordenador borradas. Tecleas rápido”.  María entonces escribió: “Eso puede pasarle a cualquiera. Las letras de los teclados se borran”. A lo que Julia le dijo: Si pero tú tienes borrada la A, la S, la L y la M.

María miro su teclado horrorizada y en efecto esas eran las teclas borradas por lo que volvió a escribir: “Amiga estoy segura de que casi todos tenemos las mismas letras borradas. Dime algo que me sorprenda de verdad”. ?Julia ya cansada respondió, “¿Por qué quieres seguir con esto si no me crees?” “Para saber que no fue una casualidad” respondió María.?Julia siempre se había mostrado amable, abierta, simpática y con un buen sentido del humor, entonces le dijo que alguien llamaría a su puerta.

La joven iba a responder escribiendo “jajajaja” cuando sonó el timbre. Miró hacia la puerta y le escribió a su amiga: “Ya vengo”.?María fue hasta la puerta y al abrir se encontró con un vendedor de alfombras, le dijo que no le interesaba y volvió al chat.

Entonces le dijo a Julia: “¿Cómo lo sabías? Era un vendedor de alfombras”. “Te he dicho que puedo verte” Respondió su amiga que dijo inmediatamente: “¿Sabes? Algo me dice que debo seguir mirándote. No te asustes pero… Perdona no puedo seguir… me duele la cabeza”.

María ya intrigada le pregunto: “¿qué me ibas a decir?”… A lo que Julia respondió, “no quiero asustarte pero presiento algo raro”.

María volvió a escribir: “Ahora sí que me estás asustando, creo que deberíamos cambiar de tema”.

Sin embargo Juila le respondió: “No te preocupes, te entiendo, no te asustes pero creo que no estás sola”. “Me estás poniendo nerviosa, estoy asustada”, dijo María. “No se mueve casi, déjame observar”, le dijo Julia.

Ahora sí que María estaba asustada. No se atrevía a girar hacia atrás. ¿Y si veía algo que no quería ver? Comenzó a notar un nudo en la garganta. Hubiera querido ser más valiente o más cobarde y llorar, pero estaba estancada en su propia lucha de creer o no creer.

Julia volvió a escribir: “¿Notas frío a tu alrededor?” Su pregunta llegó casi cuando María estaba a punto de apagar su computadora  y prender la televisión para olvidarse del tema.  “Estamos a más de 30 grados”, le respondió.

En ese instante María sintió una especie de roce helado, como si hubieran puesto una mano sobre su brazo. En la zona donde la sintió los bellos de su brazo se erizaron, pero el resto de su cuerpo no notó nada… “¡Está pasando algo! He sentido un frío helado en mi brazo” escribió histérica María. “¿Que significa esto?”, volvió a preguntar  presa ya del pánico. Entonces Julia respondió: “El frío lo transmiten los muertos cuando se acercan, generalmente algo enfadados o”…

“¿O qué?”, preguntó María con los ojos llenos de lagrimas. “Violentos”, escribió Julia…

María se echó hacia atrás en la silla y presa del pánico alcanzo a escribir: “ayúdame, qué hagooooooooo?” ?Entonces Julia le respondió: Tranquilízate, no hay nadie”. María no creía lo que le decía su amiga, pero esta volvió a decirle: “Escúchame. Era broma. Quería demostrarte que no existen los incrédulos, cálmate por favor. Yo no veo nada, es cierto que a veces tengo visiones premonitorias, como cuando han llamado a la puerta, pero no puedo obligarme a ver a nadie”. Sin embrago María sentía algo o alguien allí… Las palabras de julia no la tranquilizaban y las lágrimas a veces le impedían leer bien

Julia entonces le dijo: “Voy a llamarte por teléfono”. Pocos segundos después sonaba el timbre del teléfono. María fue a hablar pero hubo algo que congeló su mano…

Miro hacia la computadora y Julia había escrito: “Cielo, no puedo llamarte sin desconectar esto. Sólo tengo una línea. ¿Puedo llamarte o prefieres que sigamos aquí?”  María se dio cuenta que no era ella… así que cuando respondió al teléfono escuchó: “Tu amiga va a morir mientras tú escuchas este mensaje”. La joven soltó el teléfono volviendo rápidamente al chat escribiendo: “Estas ahí… ¡Dime algo!”

Como Julia no respondía María marcó su número de teléfono y esperó nerviosa ?Pero no contestaban. Volvió al Chat y trató de que su amiga respondiera pero no lo hacía, hasta que al final apareció un mensaje de Julia en la ventana de conversación que decía:

“Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento”. Tras escribir esa última frase, Julia salió del chat, ya no estaba allí. No se había despedido, solo se había desconectado.

Entonces María lloró desconsolada entendiendo que su amiga había muerto, que era ella la que había tenido el presentimiento y la premonición y que ahora Julia  estaba a su lado. No quería creer que estuviera allí pero una caricia, tan suave como un suspiro, le transmitió una paz que la relajó y sin pensar dijo en voz alta: “Te echaré de menos”…

Fue en ese momento en la computadora apareció una corta frase en una página en blanco: “Y YO A TI”…

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