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Promesas volátiles

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Tab Machado

Promesas, promesas, promesas, vivimos en el tiempo del “Yo me prometo que…”, “yo te prometo que…”, “yo les prometo que…”. Lástima que una vez que pasa el tiempo, la gran mayoría de las veces, comprobamos tristemente que las palabras son simples expresiones huecas, vacías y carentes de contenido cuando se enfrentan a la cruda realidad de los hechos.

Lo más increíble es que la gran mayoría de las personas, como están ávidas de encontrar por fin respuestas positivas para sus vidas, aceptan de buen agrado esas promesas sin comprobar su fiabilidad y factibilidad, por lo que son campo fértil de aquellos que les cuesta muy poco ofrecer lo que no pueden cumplir con tal de obtener lo que buscan. Así pasa a nivel de pareja, en las familias, entre amigos, en el trabajo, a nivel político y social y hasta en las promesas que se elevan al infinito en busca de un milagro, sabiendo que no se van a cumplir jamás…

Hoy prometer se ha vuelto casi que una necesidad y una obligación para verse respetable ante los demás y ganar su confianza, lástima que cuando la persona obtiene lo que quiere se ‘olvida’ de la retribución que prometió a cambio y entonces la confianza se pierde y la relación se termina, generando un recelo general en el que, de a poco, ya nadie cree en nadie…

Cuenta una historia aleccionante que un hombre con dificultades en sus negocios hizo una promesa de que, si se arreglaban todos sus asuntos, vendería su casa y entregaría el dinero resultante a los pobres. Meses después su situación económica mejoró y poco a poco fue recuperando su vida anterior hasta sobrepasar todas las angustias.

Acordándose de la promesa que había hecho en un principio colocó en la puerta de su casa un cartel que decía: “Se vende casa con gato incluido”.  Al poco tiempo llegaron unas personas interesadas en adquirir la propiedad y preguntaron por el precio. “La casa cuesta cinco monedas y el gato diez mil, pero no se venden separadamente”, contestó el negociante.

Al principio las personas se extrañaron mucho de la oferta, pero luego de reflexionar unos momentos aceptaron la propuesta, puesto que les interesaba mucho la casa. Fue así que  pagaron las diez mil cinco monedas y se quedaron con la propiedad y el gato. Cuando el hombre recibió el dinero, dio a los pobres las cinco monedas en las que había tasado la casa y se quedó con las otras diez mil que provenían de la venta del gato…

Como ven, la promesa se ha convertido en una simple mentira solapada con los colores de la esperanza, en la que se ofrece mucho porque se sabe que no se va a cumplir. Decían en mi pueblo que, “cuando la limosna es grande hasta el santo desconfía”. Por eso nunca niegues con tus actos lo que pregonas con tu boca y recuerda siempre que una promesa, sin un hecho que la refrende, es como una enorme y hermosa burbuja de jabón, cuya delgadísima corteza se rompe al menor contacto con el aire ya que carece de una consistencia que la soporte…

 

 

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