Home Editoriales Que la espada de Damocles no penda sobre tu cabeza
0

Que la espada de Damocles no penda sobre tu cabeza

0
0
Tab Machado

Las hojas del almanaque parecen caer más rápidamente cada día, quizás porque uno corre de acá para allá absorbido más por los problemas que por las soluciones y así la vida se nos pasa en un frenesí de sueños rotos y frustraciones, alimentando con vehemencia la desilusión y la envidia, que viven agazapadas dentro del espíritu humano tan solo esperando una oportunidad para mostrarse en toda su dimensión. Peor se ve el horizonte

humano si tomamos en cuenta que, inevitablemente, el hombre coteja su vida con la de sus semejantes, por lo que la ecuación es simple: a mayor acumulación de sueños rotos y fracasos personales, mayor pesar por los triunfos ajenos, con lo que la envidia se convierte en una gran espada (como la de Damocles) que pende sobre nosotros amenazante…

Justamente la historia de Damocles es un gran ejemplo de nuestra reflexión. La misma fue narrada por Timeo de Tauromenio unos trescientos años Antes de Cristo y repetida hasta popularizarse (con distintos mensajes morales) por Diodoro, Cicerón y Horacio. Timeo fue un historiador griego que se dedicó a escribir acerca de Sicilia cuando la ciudad fue conquistada  por el tirano Agatocles en el año 316 AC.

La historia cuenta que Damocles era un miembro de la corte del rey Dionisio “el Viejo”, un sanguinario tirano de Siracusa del siglo IV AC. Como cortesano Damocles era un constante adulador que se pasaba sus días envidiando los lujos y comodidades del rey.

Las repetidas adulaciones envidiosas llegaron a los oídos del soberano, quien planeó una estrategia como escarmiento para Damocles. Le ofreció intercambiar los roles por un día para que pudiera experimentar personalmente los placeres que tanto envidiaba. De esa manera se organizó un gran banquete para Damocles, que ocupó el lugar del rey y gozó de los lujos y privilegios de su título temporal.

Todo iba bien hasta que Damocles miró hacia arriba y advirtió una afilada espada que pendía sobre su cabeza, atada por un único crin de caballo. De repente se le quitó el apetito y la pasión por las bellas mujeres que lo rodeaban y solo pasó a mirar insistentemente la espada que pendía sobre su cabeza, hasta que los nervios y el miedo a morir allí mismo lo obligaron a rechazar el sueño de ser rey. Damocles se levantó imprevistamente de su lugar y le pidió al rey abandonar el recinto donde estaban, alegando que ya no quería seguir siendo tan afortunado…

A raíz de esta historia se ha mencionado a través de los siglos a la Espada de Damocles cada vez que una persona quiere hacer referencia a una amenaza o situación constante y agobiante en su vida. Por eso, si la vida te pone en la misma situación que Damocles y el gusano de la envidia te hace desear poseer la suerte o el bien ajeno, mejor pienses en la espada que se agita encima de ti y abandones la idea de ambicionar el bien ajeno, abriendo tu propio sendero hasta la cima del éxito…

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *