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Realidad virtual

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Si hay algo que la gente (en general) siente terror de admitir o demostrar es que su vida es común, corriente y normal, por eso prefiere esconder o tapar su insignificancia como puede… Algunos lo hacen comprando compulsivamente automóviles, ropa, alhajas, teléfonos, artículos de las marcas más reconocidas para enmascarar con oropel su trivialidad. Otros exaltan al máximo su única habilidad (sea la que sea) martillando pertinaz y obsesivamente sobre ella, de manera repetitiva, creyendo que de esa manera convence a los demás que es especial y único, sin darse cuenta que tan solo aburre al auditorio. También están aquellos que fingen ser lo que no son (incluso poniéndose títulos que no poseen) para presumir una vida que les encantaría vivir pero no tienen. Y los más extremos son los que, queriéndose parecer a algún personaje famoso, se viste y peina como él y (si puede) hasta cirugías estéticas se hace para ser un clon exacto de lo que interpreta como éxito. Lamentablemente, como que el éxito verdadero no se puede clonar también, deben conformarse (y hasta sentirse ‘felices’) cuando alguien les dice que son ‘parecidos a…’.  Claro, no puedo olvidarme de incluir en esta lista también a ‘los hijos (primos, sobrinos, tíos, amigos, etc.) de…’, esas personas que necesitan ponerse bajo el halo de alguien para que el fulgor del éxito ajeno le dé algo de credibilidad, distinción y confianza.

Esto es como la historia de la mujer que estaba buscando afanosamente algo alrededor de un farol. Entonces una persona pasó junto a ella y se detuvo a contemplarla. “Buena mujer, ¿qué se te ha perdido?, ¿qué buscas?”, le preguntó.

Sin poder dejar de gemir la mujer, con la voz entrecortada por los sollozos, pudo responder a duras penas: “Busco una aguja que he perdido en mi casa, pero como allí no hay luz, he venido a buscarla junto a este farol”…

Esto nos demuestra que no debe de haber nada más penoso y triste en la vida que fingir ser lo que no se es o tratar vanamente de agregarle luz a tu persona por medio de tu abolengo. Edificar y vivir una realidad virtual simulando una vida de éxito utópico que se termina duramente cada vez que te enfrentas al espejo, es como morir agónicamente cada día, al darte cuenta que quieres ser alguien que finalmente no eres.

Definitivamente es preferible ser un pequeño candil con luz propia, que el reflejo fulgurante de un faro que lo único que hace es agrandar indefinidamente la sombra que uno proyecta. Por eso solo puedo decirte una cosa: vive la vida de tal forma que seas tú la lámpara que proyecta luz, sin importar cuán brillante la vean los demás, sino que ese resplandor ilumine el fondo de tu alma y espíritu… Solo así serás verdaderamente exitoso y productivo para ti mismo y tu nombre y tu persona tendrán, entonces, un valor superlativo. Y recuerda siempre que eso no depende de nadie, sino únicamente de ti mismo…

 

 

 

 

 

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