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Recuerda la frase

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¿Eres de los que se rinden fácilmente? Entonces, pobre de ti… ¿Eres de aquellos que se sientan a esperar porque sabes que alguien siempre te aportará la solución a tus problemas? Entonces, nuevamente, pobre de ti… ¿Crees que tienes tu existencia solucionada y que hagas lo que hagas jamás te va a pasar nada? Entonces, también, pobre de ti… porque la vida no perdona a los que se rinden fácilmente, ni aquellos cómodos que se sientan a esperar y mucho menos a los que se creen que jamás les afectará nada y, entonces, no se preparan para la adversidad…

Así que, si crees que integras este grupo, sería bueno que sepas que tarde o temprano (y ojalá sea siempre temprano, porque si es tarde será mucho más difícil y duro remediarlo) el inconmensurable y enigmático destino te pondrá, invariablemente, ante una situación verdaderamente límite, sin nadie a tu lado para protegerte y con la única armadura de tu espíritu para combatir a tan colosal y temible adversario. Y, allí, sin importar el arma que tengas en la mano (así sea muy poderosa) seguramente no tendrás la mas mínima de las posibilidades porque la endeble coraza que te protege (y que nunca te has preocupado por fortalecer) no soportará el primer mandoble y te derribará por toda la cuenta…

Por eso es mejor que no te dejes vencer, ni te conformes, que no lo dejes todo a terceros y/o no creas en los cuentos de hadas (así vivas uno), porque andando en el camino nunca se sabe la curva que vendrá luego de una placida y larga recta, ni la cima que habrá que sortear o el bache que aparecerá de imprevisto.

Te lo digo con conocimiento de causas porque soy hijo del rigor y estoy seguro que no habría podido sobrevivir hasta ahora si mi padre no me hubiese legado desde niño, con una simple frase, esa necesaria capacidad que debe tener una persona para superar circunstancias traumáticas y que en psicología se llama resiliencia…

Tendría yo unos 5 o 6 años cuando mi padre me llevó una tarde a su trabajo, en la Dirección Nacional de Aduanas y cuando esperaba ansioso ser sentado ante un escritorio frente a una máquina de escribir para machacar con fuerza sus teclas o, al menos, que me fuera entregado un papel y un lápiz para garabatear a mi gusto, mi padre me puso entre mano y hombro un fusil dos veces más grande que yo (obviamente descargado) me llevó a la puerta y me dijo “hoy te toca ser nuestro guardia”…

Al principio me sentí el ser más importante del universo y haciendo el mayor de los esfuerzos mantuve el fusil al hombro por largo rato… pero, después de un tiempo, el enorme máuser se convirtió en un pesado lastre que fui deslizando lentamente hasta apoyarlo en el piso. Cada tanto mi padre venía, me miraba y me decía: “¡Muy bien! Permanece así… ¡Los Machado no se rinden!”… Y yo, animado por la arenga que fortalecía mi espíritu, doblegaba mi cansancio y mantenía impertérrito la posición designada. Esa fue la primera vez, pero muchas veces más a lo largo de mi vida escuché de mi padre esa famosa frase de 5 palabras (¡Los Machado no se rinden!), casi siempre cuando había errado en algo y debía corregir, cuando flaqueaban mis fuerzas, cuando desistía momentáneamente de algo o cuando creía que había que levantar un ánimo deteriorado por las circunstancias… Fue así que la dichosa frase se tatuó en mi corazón, la convertí en un hábito de vida y la he transmitido a mis hijos con la misma persistencia y confianza que mi padre…

Por eso hoy te puedo decir: ¿Eres de los que intentas nueve veces, fracasas 10 y aún lo vuelves a intentar una vez más? Entonces, bien por ti… ¿Sabes que los éxitos se logran con 99% de esfuerzo y uno de inspiración? Entonces… ¡Bien por ti! ¿Eres de los que, a pesar de tenerlo todo, aun te empeñas por mejorar y dar el ejemplo? Entonces, ¡Muy bien por ti! Estás preparado para soportar la adversidad cuando esta te enfrente cara a cara y, seguramente, saldrás victorioso… Y si en ese momento flaqueas o sientes dudas recuerda la frase: “¡¡¡Los (pon tu apellido) no se rinden!!!”

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