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Reflexionemos

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Tab Machado

Los dramáticos acontecimientos naturales, sociales y políticos que vienen sucediéndose a nivel mundial, en escala ascendente, nos dan la oportunidad (una vez más) de reflexionar profundamente sobre lo que el ser humano quiere para sí mismo como género. Poco importa poder responder la pregunta de por qué sucede esto, si no lo usamos como base de cambio que nos haga dar un salto cualitativo hacia el futuro.

Desentrañar si el hombre es el causante de todo debido al abuso que hace de los recursos naturales y de sus

semejantes, si es porque la naturaleza sigue de alguna manera su selección natural o si es porque finalmente estamos al borde del Apocalipsis y estas son señas inequívocas de ello, sin buscar un cambio profundo en nuestra forma de vida a partir de tal conocimiento, es tan solo alimentar hasta el grado de lo absurdo el morbo exacerbado que ha cultivado la humanidad sobre cuál será el motivo de su destrucción definitiva…

Ante de desgastarme en explicaciones inocuas de cómo pienso que hemos llegado a este punto de inflexión para la humanidad, prefiero mil veces proponerles un ejercicio de reflexión diferente que, sin importar el porqué vamos como vamos, nos lleve a entender que aun todo puede cambiar positivamente si dejamos de pensar en singular (YO) y pensamos de una buena vez por todas en plural (NOSOTROS)

A partir de este momento le pido que deje por un instante de pensar en sus necesidades personales y sus gustos mediáticos y medite profundamente sobre lo siguiente: Todo el género humano (incluido Usted) está justo aquí… parado encima de esta pequeña pero fructífera roca que navega al garete en medio de un espacio inconmensurablemente grande, que ni siquiera con nuestra más osada y loca imaginación lo podemos abarcar. Nos movemos a merced de la voluntad de un gigantesco sistema galáctico del que somos tan solo una humilde e insignificante partícula de polvo y, a nivel del factor tiempo, la fugacidad y fragilidad del género humano sobrecoge y conmueve.

Sin embargo allí vamos, olvidándonos insolentemente de esa realidad, obsesionados por acaparar y/o mantener de forma individual todo lo que se pueda. Poniendo límites físicos y del alma para así no compartir. Odiando por el solo hecho de tener color de piel diferente, creencias religiosas o costumbres distintas.  Negando cobijo y amparo a nuestros semejantes porque, quizás, eso nos lleve a tener un poco menos. Viendo nada más hasta donde termina nuestra nariz, para poder así satisfacer nuestras desmedidas apetencias personales y hacer sentir a los demás lo importantes que somos…

Allí vamos… rotulando esta minúscula roca en donde estamos parados, poniendo y proponiendo fronteras, sojuzgando, sometiendo e imponiendo únicamente lo que nosotros queremos. Ensuciando y esquilmando en grado sumo nuestro único hogar, con el único propósito de vivir cada día más esclavos de un valor tan relativo como lo es la riqueza…

Allí vamos… ciegos de soberbia y arrogancia, avasallando al más débil y poniendo rodilla en tierra ante los más fuertes, creyéndonos más de lo que somos y siendo en realidad muchísimo menos de lo que deberíamos. Allí vamos… haciendo fuerza por hacer todo mal haber hasta donde llegamos…

¿Es esta la forma de vida que queremos?  Aun con todos los avances de las ciencias biológicas, técnicas y humanas que se han conseguido, estamos en el mismo punto moral y espiritual del comienzo de la humanidad. ¿Hasta cuándo nos vamos a negar ver la realidad?

Mientras sigamos siendo los minúsculos seres egoístas e individuales que realmente somos, estaremos muy alejados del verdadero y real propósito que debería ostentar una especie inteligente.

Hay una verdad simple y un legado de más de dos mil años que nos gusta mucho pregonar, pero que no hacemos nada por cumplir: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mientras esta sentencia sea tan difícil de aplicar y cumplir por cada uno de nosotros, la humanidad sencillamente no tiene ninguna esperanza. Solo le pido algo: reflexionemos, aun estamos a tiempo…

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