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Retroceder nunca… rendirse ¡jamás!

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Tab Machado

La vida, ya sea por nuestros propios errores, la voluntad de terceros o por una sucesión de hechos que escapan a nuestro control, nos pone a veces en el límite de nuestras fuerzas, por lo que debemos de apelar a todas las reservas anímicas, morales y espirituales escondidas en lo más recóndito de nuestro corazón, para sortear el paso y salir airosos.

En ocasiones, estos problemas se convierten en altos y escarpados muros que tratan de disuadirnos y debilitarnos, haciéndonos creer que jamás vamos a lograr pasarlos con éxito. Sin embargo está en nosotros mismos profundizar, una y otra vez, más allá de lo imaginado en nuestro debilitado espíritu, para encontrar las fuerzas anímicas que pensábamos no teníamos y superar el reto que se nos ha impuesto… Las soluciones siempre pueden llegar, el tema es no rendirse

jamás y persistir con empeño.

Cuenta una historia que un día un hombre decidió darse por vencido… renunció a su trabajo, a su vida y fue al bosque para tener una última charla con Dios.  “Dios”, dijo el hombre, “¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?”
Entonces Dios le respondió…” -Mira a tu alrededor”… “¿Ves el helecho y el bambú?” “Sí”, respondió el hombre.

“Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz y les di agua”, dijo Dios y luego prosiguió su relato diciendo: “El helecho rápidamente creció. Su verde brillante cubría el suelo pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú. En el segundo año el helecho creció más brillante y  abundante y, nuevamente, nada creció de la semilla de bambú… pero no renuncié al bambú. En el tercer año, aun nada brotó de la semilla de bambú pero no renuncié. En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú y no renuncié. Luego, en el quinto año, un pequeño brote salió de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño e insignificante, pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura. Se la había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir. Como ves: no le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar”.

El Hombre escuchaba absorto y Dios le añadió: “¿Sabías que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces? No renunciaría al bambú y nunca renunciaría a ti. No te compares con otros. El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso. Tu tiempo vendrá y ¡Crecerás muy alto!”

“¿Qué tan alto debo crecer?” preguntó el hombre. “¿Qué tan alto crecerá el bambú?” le preguntó Dios en respuesta. “¿Tan alto como pueda?”, indagó el hombre.  “Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan felicidad, los malos días te dan experiencia, pero todos te ayudan a crecer”, concluyó Dios…

La vida es una eterna pulseada y solo te ofrece dos posibilidades: o tú pasas por la vida o la vida pasa por ti, de ti depende. Pero si eliges pasar tú por la vida, hay un axioma que jamás debes olvidar y es el título de esta editorial…

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