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Rompiendo hábitos…

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Tab Machado
Tab Machado

El ser humano gasta más energía durante toda su vida quejándose por lo que le ocurre, que esforzándose por superar los avatares del destino. De esta manera las personas siempre están  sumidas en un círculo vicioso tan estrecho, que quejarse y lamentarse pasa a ser su forma de vida y lo asumen con una naturalidad que asusta.

Lo más lamentable de todo, quizás, es que los hábitos son difíciles de  combatir y, cuanto más están en nosotros, mas los utilizamos. De este modo las personas que se

habitúan a quejarse, primero lo hacen por lo malo que les ocurre y después la costumbre los lleva a quejarse hasta por lo bueno que tienen. Es decir se quejan si les va mal y se quejan también si les va bien, porque les podría ir mejor…

Cuenta una historia que al principio del tiempo Dios creó los seres vivos y empezó con las plantas. Así creó la hierba fresca y suave, viendo que era buena se animó y creó las flores y las hizo de todos los colores tamaños y formas posibles. Satisfecho con lo que veía pensó en avanzar un poco más y formó los arbustos y matorrales más duros y resistentes. Posteriormente decidió culminarlo todo con la obra maestra de los vegetales e hizo los árboles. Entre ellos hizo uno con tronco grueso, ramas que se abrían y bifurcaban infinitas veces llenas de hojas y sustentado por raíces tan grandes y fuertes que sobresalían de la tierra. Tal era el aspecto del árbol que fue situado en el centro del jardín. Era, por mucho, el más bonito de todos los arboles creados tanto que los pájaros, cuando todo estuvo creado, buscaban sus ramas para anidar, las ardillas para cobijarse y todo tipo de animales buscaban cobijo bajo sus ramas… Todos estaban muy felices con ese árbol tan bonito. Todos… menos él. Siempre estaba refunfuñando y de mal humor.

Un día Dios le preguntó el motivo de su enojo y él le dijo: “¿Por qué me has maldecido así? ¿Qué he hecho yo? No comprendo qué afrenta te habré causado para que me pongas estas ramas tan grandes y pesadas, que encima tienen que soportar estas infinitas y enormes hojas que son muchas más de las que puedo cargar. ¡¿No ves que pesan mucho?! Otros árboles llevan  con ligereza  hojas minúsculas que le has dado, pero yo debo cargar con semejante lastre. Me has hecho mal. ¡No quiero éstas hojas!”… Entonces Dios le dijo: “De acuerdo, a partir de mañana no tendrás hojas”.

El árbol se quedó encantado ante la idea y esa noche durmió feliz y esperanzado. Por la mañana se llenó de júbilo al ver que todas sus hojas estaban secas en el suelo. Pero pronto su alegría se tornó en tristeza. Ya nadie iba a acogerse bajo su sombra, las ardillas ya no correteaban por él, los pájaros ya no anidaban sobre sus ramas. Es cierto que antes era un incordio con sus piares, sus arañazos y su continua presencia que no le dejaba descansar, pero ahora estaba solo y pasaba tanto frío que empezó a llorar.

Tanto lloró que Dios se apiadó de él y le dijo: “Ahora te das cuenta que esas hojas que te di eran precisamente tu fortaleza. ¿No compensaba eso con creces el peso de las hojas? ¿No te das cuenta de que ya te había dado fuertes ramas para sujetar semejante follaje? Voy a devolverte tus hojas pero, para que no se te olvide tu queja, todos los años en invierno te las quitaré y para que valores tus fortalezas y nunca las olvides, te las devolveré en primavera. Así el resto de los animales podrán volver a disfrutar de tu sombra”. Y así fue, el árbol cada vez que apreciaba el peso de sus hojas se alegraba pensando en la gran suerte que tenía al llevar semejante peso…

El primer paso para vivir mejor es romper el hábito de quejarse por todo… luego, como decía el Director y Productor de cine Billy Wilder: “Si te sientes realmente feliz, deberías escribir una tragedia y si te sientes verdaderamente desgraciado, deberías escribir una comedia”, de esta manera aprenderás que nada es del todo lúgubre, así como tampoco son solo rosas en el camino de la vida….

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