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¿Sabías qué?

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¿Sabías cual fue el origen de la rosca de reyes? Algunos creen que todo comenzó un día de la Epifanía en el que el cocinero de la Corte de Luis XV, rey de Francia, quiso entregar un espléndido obsequio a su monarca. Para ello trató de inventar algo que sorprendiera, así que introdujo en una rosca la joya que pretendía regalarle y así se la entregó. Al rey francés le encantó la idea así que la puso en práctica entre la aristocracia de su época y no sólo entre la francesa sino que también ayudó a que se extendiera al resto de Europa. Al llegar a España, allá por el siglo XVIII, se generalizó de tal manera que no sólo disfrutaban del dulce momento sorpresa los de alta alcurnia, sino que el pueblo comenzó a fabricar sus propios roscas con regalo. Otros, sin embargo, opinan que el origen de este rosca es aún más antiguo, que se remonta a los tiempos de la Antigua Roma, concretamente a la celebración dedicada al dios Jano según algunos y al dios Saturno según otros. Sobre todo a la dedicada a Saturno se le atribuye ser las precursoras de la Rosca de Reyes que consumimos hoy en día. Consistía en ocultar una haba en cualquier lugar de la vivienda y conceder el premio de la libertad temporal (sólo mientras durara las “Saturnales“) al esclavo que consiguiera encontrarla. Ya en el siglo III esta costumbre se popularizó para los niños y, así, el pequeño que encontraba el haba se convertía en rey por un día.

 

¿Sabías porque se acostumbra a poner un gallo en las veletas que indican la dirección del viento? En el siglo IX el Papa ordenó que colocaran un gallo en los campanarios de las iglesias para simbolizar el hecho de que San Pedro negara tres veces a Jesús antes del canto del gallo según se dice en el Evangelio de San Marcos. Como los campanarios de las iglesias ya estaban adornados con veletas para medir la dirección del viento, pusieron el gallo en la punta, estableciendo así la costumbre.

 

¿Sabías porque las manecillas del reloj giran hacia la derecha? Para señalar la hora, antes se utilizaban cuadrantes solares que servían para conocer la hora diurna basados en la sombra que proyectaba una varilla. En el hemisferio boreal, las sombras se movían en el sentido en el que las manecillas de los relojes se mueven ahora, ya que de ahí se hizo la costumbre. Tal vez si los relojes se hubieran inventado en el hemisferio meridional, el sentido de las manecillas iría en dirección contraria.

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