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Sabor a nada…

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Tab Machado
Tab Machado

Dicen que de nada vale la prédica si el auditorio no quiere oír… y muchas veces imagino que Dios debe de estar hastiado de ver como parte de su creación se desbarranca en un precipicio sin fin por no saber conducirse…

Si Usted no cree en Dios, permítame decirle el mismo concepto pero de otra manera: si es verdad que el ser humano es un derivado “evolutivo” de otras especies más simples, explíqueme por favor porque ha evolucionado tanto su cuerpo, pero su cerebro y su conciencia aun permanecen en una fase primitiva…

Basta conocer, andar, ver y compartir un rato con la especie humana para descubrir que estamos tan lejos del ideal de ser una especie racional y pensante, como lo está la tierra de la estrella más lejana del firmamento… Podremos decir orgullosamente que el ser humano es el primero de los animales en la escala zoológica, pero será únicamente orgullo lo que nos anime a decir eso, porque la realidad marca cosas muy diferentes… Tenemos intelecto, pero no lo usamos, tenemos raciocinio, pero rara vez lo aplicamos, tenemos conciencia de nuestra existencia pero preferimos seguir adelante solo a base de impulsos naturales y no a lo que nos exige nuestro cerebro inteligente…

La raza humana se ha ido convirtiendo, con el paso del tiempo, en un conglomerado de seres que tiene como única meta, objetivo o fin, vivir en sociedad para poder ostentar ante sus congéneres lo que tiene, posee o a adquirido momentáneamente… algunos incluso ni siquiera poseen y, entonces, mas se esfuerzan por hacer creer a los demás que realmente si tienen algo que mostrar… De esta manera, cada día más, el ser humano se asimila al murciélago…

Cuenta una ilustrativa leyenda de Oaxaca que el murciélago una vez fue el ave más bella de la Creación. Al principio era tal y como lo conocemos hoy y se llamaba biguidibela (biguidi = mariposa y bela = carne), el nombre venía a significar algo así como mariposa desnuda.

Un día frío subió al cielo y le pidió plumas al creador, como había visto en otros animales que volaban. Pero el creador no tenía plumas, así que le recomendó bajar de nuevo a la tierra y pedir una pluma a cada ave. Y así lo hizo el murciélago, eso sí, recurriendo solamente a las aves con plumas más vistosas y de más colores. Cuando acabó su recorrido, el murciélago se había hecho con un gran número de plumas que envolvían su cuerpo.

Consciente de su nueva belleza, volaba y volaba mostrándola orgulloso a todos los pájaros, que paraban su vuelo para admirarle. Agitaba sus alas ahora emplumadas, aleteando feliz y con cierto aire de prepotencia.

Una vez, como eco de su vuelo, creó el arco iris. Era todo belleza. Pero era tanto su orgullo que la soberbia lo transformó en un ser cada vez más ofensivo para con las demás aves.

Con su continuo pavoneo, hacía sentirse chiquitos a cuantos estaban a su lado, sin importar las cualidades que ellos tuvieran. Hasta al colibrí le reprochaba no llegar a ser dueño de una décima parte de su belleza.

Cuando el Creador vio que el murciélago no se contentaba con disfrutar de sus nuevas plumas, sino que las usaba para humillar a los demás, le pidió que subiera al cielo, donde también se pavoneó y aleteó feliz. Aleteó y aleteó mientras sus plumas se desprendían una a una, descubriéndose de nuevo desnudo como al principio.

Durante todo el día llovieron plumas del cielo y desde entonces el murciélago ha permanecido desnudo, retirándose a vivir en cuevas y olvidando su sentido de la vista para no tener que recordar todos los colores que una vez tuvo y perdió.

Así es el ser humano sale a la sociedad y, tratando de captar la atención de los demás, expone coloridas plumas sin importar a quien lastima, humilla o daña, pero cuando vuelve a sus aposentos y se mira en soledad al espejo ve que tristemente eso es simple y exclusivamente pura fachada, porque lo que no se gesta en el corazón y alimenta el espíritu, siempre tendrá sabor a nada…

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