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Santo Toribio Romo, el protector de los inmigrantes
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Santo Toribio Romo, el protector de los inmigrantes

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Este sábado, en la Parroquia de Monte Carmelo de Melrose Park, Fedejal invita a la comunidad a compartir una misa en honor de Santo Toribio Romo, en la que estará presente la reliquia del Santo (una parte de su cuerpo).

La Federación Jalisciense del Medio Oeste invita a la comunidad a una Misa para conmemorar el aniversario del martirio de Santo Toribio Romo. La misma se llevará a cabo en la Parroquia de Nuestra Señora de Monte Carmelo, el sábado 25 de febrero a partir de las 4:00 de la tarde.

Santo Toribio Romo nació en Santa Ana de Guadalupe, que pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de Jalisco, el 16 de abril de 1900. Fue hijo de Patricio Romo Pérez y de Juana González Romo. Acudió a la escuela parroquial de su pueblo y a la edad de doce años, por consejo de su hermana y con el apoyo de sus padres, ingresó al Seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. María, su hermana, fue promotora de la educación de Toribio. Sus padres oponían resistencia a que estudiara, pues era un apoyo en las faenas propias del campo. “Quica”, como era llamada familiarmente María contribuyó a infundir en él su vocación y fue quien lo acompañó en todos sus destinos para auxiliarlo.

Después de ocho años pasó al Seminario de Guadalajara, a los 21 años de edad debió solicitar dispensa de edad a la Santa Sede antes de proceder a la recepción del orden presbiteral. El arzobispo Francisco Orozco y Jiménez le confirió el diaconado el 22 de septiembre de 1922 y el 23 de diciembre del mismo año administró la ordenación sacerdotal. Prestó sus servicios ministeriales en Sayula, Tuxpan, Yahualica y Cuquío.

La persecución callista contra la Iglesia Católica enardeció los ánimos de los habitantes de Cuquío y el 9 de noviembre de 1926 se levantaron en armas más de trescientos hombres para repeler la opresión del Gobierno, que perseguía a muerte al párroco y a los sacerdotes, quienes anduvieron huyendo esperando de un momento a otro la muerte.

Martirio, muerte y canonización

En septiembre de 1927, el padre Toribio tuvo que hacerse cargo de la parroquia de Tequila, Jalisco, un municipio que entonces era uno de los lugares donde las autoridades civiles y militares más perseguían a los sacerdotes. No se intimidó por ello y localizó una antigua fábrica de tequila que se encontraba abandonada cerca del rancho Agua Caliente, la utilizó como refugio y lugar para seguir celebrando misas. Toribio presintió que allí sería su muerte inevitable y lo dijo: “Tequila, tú me brindas una tumba, yo te doy mi corazón”.

En diciembre de 1927, el hermano menor de Toribio fue ordenado sacerdote y enviado también a Tequila como vicario cooperador; a los pocos días llegó su hermana María para atenderlos y ayudarlos.

El Miércoles de Ceniza, 22 de febrero, el padre Toribio pidió al padre Román (su hermano) que le oyera en confesión sacramental y le diera una bendición. Antes de irse le entregó una carta con el encargo de que no la abriera sin orden expresa. También pasó jueves y viernes arreglando los asuntos parroquiales para dejar todo al corriente. A las 4 de la mañana del sábado 25 acabó de escribir, se recostó en su cama y se quedó dormido.

De pronto una tropa compuesta por soldados federales y agraristas, avisados por un delator, sitió el lugar, brincaron las bardas y tomaron las habitaciones al grito de: “¡Este es el cura, mátenlo!” Así despertaron el padre y su hermana y él contestó asustado: “Sí soy… pero no me maten”… No le dejaron decir más y dispararon contra él. Con pasos vacilantes se dirigió hacia la puerta de la habitación, pero una nueva descarga lo derribó. Su hermana María lo tomó en sus brazos y le gritó al oído: “Valor, padre Toribio… ¡Jesús misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!” El padre Toribio le dirigió una mirada y murió como mártir el 25 de febrero de 1928. Veinte años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio Romo regresaron a su lugar de origen y fueron depositados en la capilla construida por él, en Jalostotitlán. El 22 de noviembre de 1992 fue beatificado y el 21 de mayo de 2000 fue canonizado junto con 24 compañeros.

El Santo Patrón de los Inmigrantes

Oficialmente Toribio Romo fue canonizado por sanar a una persona desahuciada por cáncer. De hecho, originalmente el sacerdote era uno más de los 14 mártires de la Guerra Cristera que en 2000 fueron canonizados por el Vaticano, pero su destino final fue muy distinto. La conversión a Patrón de los Migrantes fue debido a los muchos testimonios de personas que juran haber salvado su vida por ayuda del sacerdote cuando cruzaban la frontera entre México y Estados Unidos.

Cuando exhumaron su cuerpo los fieles fueron llevándose las reliquias que habían guardado con celo y aquellas que permanecían en el ataúd cuando lo exhumaron: la ropa que portaba Toribio cuando lo mataron, su escapulario, su Biblia y gotas de su sangre cuidadosamente guardadas en borlas de algodón.

A partir de ese momento comenzó a rendírsele culto en su iglesia y en la de Tequila. Casi de inmediato empezaron atribuírsele milagros por su intercesión. El hermano del Padre Toribio, Ramón Romo, también sacerdote y otros familiares se encargaron de recopilar los testimonios en unos cuadernitos que atesoraron por décadas con la esperanza de que sirvieran para canonizarlo.

Según la Conferencia del Episcopado Mexicano Santo Toribio es uno de los santos más populares de todos los mexicanos canonizados hasta ahora, gracias a los favores que concede a quienes emigran a Estados Unidos.

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