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Se cumple un nuevo aniversario del martirio de Santo Toribio Romo
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Se cumple un nuevo aniversario del martirio de Santo Toribio Romo

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FEDEJAL invita a la Misa que se estará realizando el sábado 24 de febrero para conmemorar un nuevo aniversario del martirio de Santo Toribio Romo. La misma se llevará a cabo en la Parroquia Nuestra Señora de Monte Carmelo, ubicada en el 1101 N de la 23rd Ave, en Melrose Park, a partir de las 7:00 de la tarde.

Cuando el 21 de mayo del año 2000, el Papa Juan Pablo II canonizó a 25 mártires de la Guerra Cristera, pocos podían predecir que Santo Toribio Romo se convertiría en el protector de los inmigrantes.

Toribio Romo nació en el municipio de Jalostotitlán, Jalisco, el 16 de abril de 1900. A los 13 años ingresó al seminario auxiliar de San Juan de los Lagos, donde destacó por su aplicación a los estudios, sus virtudes cristianas y su interés en la promoción de obras sociales. Se ordenó presbítero el 23 de diciembre de 1922. Fue destinado como vicario de Sayula, Jalisco, después de Tuxpan y de Yahualica, Jalisco.

Siendo vicario parroquial de Cuquío, Jalisco, durante la persecución, sufrió junto con su párroco, don Justino Orona, una vida difícil, arriesgando a cada paso la existencia, sin embargo se entregó a su ministerio con generosidad y alegría. En septiembre de 1927 fue destinado a la parroquia de Tequila, ocultándose en un lugar conocido como Aguacaliente, en las instalaciones abandonadas de una fábrica. Allí, con celo y fervor admirables, ejerció su ministerio, asistido por su hermano carnal Román, presbítero. Aunque “sentía miedo”, estaba dispuesto a morir por Cristo. “¡Yo soy cobarde (escribió), pero si algún día Dios quiere que me maten, nomás le pido que me mande una muerte rápida, con sólo el tiempo necesario para pedir por mis enemigos!”.

El 24 de febrero de 1928, después de la Misa, dijo a su hermana María: “Si vienen a buscarme diles que estoy ocupado. Sólo que se trate de algún enfermo me hablas; quiero poner todo al corriente”. Así pasó todo el día y la noche. Su hermana le pidió: “Acuéstate un rato; mañana acabarás”, pero él se negó.

La víspera de su muerte

La víspera de su muerte, después de entregar a su hermano Román en sobre sellado, un escrito, le pidió atender algunos menesteres en la ciudad de Guadalajara. Sin interrupción ordenó cuidadosamente las actas de los libros parroquiales, hasta el día siguiente, sábado 25. A las cuatro de la madrugada fue al oratorio para oficiar la Misa, pero sus ojos estaban cargados de sueño: “Creo no poder celebrar (dijo a su hermana), me domina el sueño; voy a dormir un poco”. Una hora después, un grupo de soldados y de paramilitares agraristas sitiaron el lugar y se introdujeron en su habitación. Uno de ellos, Pedro Mariscal, lo identificó: “Éste es el cura; mátenlo”; la exclamación despertó al padre Toribio; sentado en el borde del camastro alcanzó a decir: “Sí soy, pero no me maten…” y la frase quedó interrumpida por una descarga cerrada. Agonizante, el padre Toribio pudo caminar algunos pasos; recibió una segunda descarga y cayó exánime en brazos de su hermana María, que con voz fuerte le dijo: “Valor, Padre Toribio. ¡Jesús Misericordioso, recíbelo! ¡Viva Cristo Rey!”

Después de maltratar el cadáver del sacerdote, lo trasladaron a Tequila, arrojándolo en medio de la plaza. A María, hermana de la víctima la condujeron atada, a pie, hasta la misma población, impidiéndole hacerse cargo del cadáver de su hermano.

Veinte años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio Romo regresaron a su lugar de origen y fueron depositados en la capilla construida por él, en Jalostotitlán. El 22 de noviembre de 1992 fue beatificado y el 21 de mayo del 2000 fue canonizado junto con 24 compañeros.

Protector de los inmigrantes

Transcribimos algunos testimonios de Santo Toribio Romo como protector de los inmigrantes, el primero es de un joven que llegó al templo desde Nevada para ver al santo, quien contó esta experiencia: “Un amigo y yo nos fuimos de Jalos con la intención de trabajar en el otro lado, pero estando cerca de la frontera nos asaltaron y nos golpearon. Se llevaron todo nuestro dinero y estábamos desconsolados. No teníamos para pagarle al “pollero” ni para regresar a la casa. De repente, un carro se detuvo a nuestro lado y un sacerdote nos invitó a subir. Le platicamos nuestra situación y nos dijo que no nos preocupáramos, que él nos ayudaría a cruzar la frontera. Y eso hizo. No sabemos cómo, pero nos pasó por una vereda solitaria. Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en Estados Unidos. Al bajar nos dio dinero y nos dijo que buscáramos trabajo en una fábrica cercana, que ahí nos iban a contratar”.

Le preguntaron al cura su dirección para pagarle el préstamo con su primer sueldo. “Nos dijo: ‘Ustedes son de Jalisco, ¿verdad? Cuando ganen lo suficiente, vayan a Santa Ana y pregunten por Toribio Romo. Ése es mi nombre’. Con el dinero pagamos el hospedaje y, efectivamente, conseguimos trabajo en el lugar que nos mencionó. Unos meses después vinimos a Santa Ana. Cuando entramos a la iglesia y vimos el retrato del altar, lo identificamos como el padre que nos ayudó. Al preguntar por él nos dijeron que había muerto hacía 70 años. Nos pusimos a llorar y dimos nuestro testimonio”.

Otro relato cuenta que cruzando la frontera un grupo rápidamente fueron descubiertos por la patrulla fronteriza y para escapar uno de ellos se internó en el desierto. Después de caminar varios días por veredas desoladas y más muerto que vivo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó un individuo de apariencia juvenil, delgado, tez blanca y ojos azules, quien le ofreció agua y alimentos. Le dijo que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones. También le prestó unos dólares para imprevistos. A manera de despedida el buen samaritano le dijo: “Cuando tengas dinero y trabajo búscame en Jalostotitlán, Jalisco, pregunta por Toribio Romo”.

Luego de una temporada en California, el hombre decidió viajar a Jalostotitlán. “Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo en el altar mayor. Se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la guerra cristera”…

Un joven también contó que estaba a punto de morirse de sed y entonces llegó una persona que le dio agua. Cuando bebió y empezó a recuperarse se dio cuenta que había desaparecido, sólo había un garrafón lleno…

Quienes dicen haber encontrado al santo a veces dejan en su camino señales de la aparición, como cruces, piedras marcadas o pequeños altares con las imágenes que llevaban. Quienes dicen haber sido rescatados por el Santo están convencidos de que el milagro realmente existió.

Oración del Migrante

Padre Santo, Tú que enviaste a tu Hijo a proclamar

el Reino de los Cielos entre nosotros y Él,

obediente a tu voluntad, llevó a cabo la misión que le encomendaste,

te pido por intercesión de SANTO TORIBIO ROMO

que me cuides y protejas.

Te encomiendo también a mis familiares ahora

que he tenido que dejar la casa y partir a tierras lejanas

en busca de superación.

Que siempre me mantenga firme en mi fe y que pueda regresar pronto

a mi hogar fortalecido en el alma y el cuerpo.

Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Oración a Santo Toribio Romo

Santo Toribio, tú que supiste agradar al Señor

y que pudiste hacerle sonreír,

al vivir y morir por confesar lo que amabas,

mira mi alma, mira mi necesidad y alcánzame del Señor,

quien a pesar de mis ingratitudes me sigue amando;

los favores que hoy ruego me sean concedidos.

más si no es conveniente lo que pido,

ayúdame entonces a entenderlo

y a aceptar con gran amor y humildad,

el dolor que aflige mi alma

y a vivir con gracia y calma

en el gozo de su voluntad.

Amén.

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