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Se cumplen 285 años del nacimiento de George Washington
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Se cumplen 285 años del nacimiento de George Washington

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George Washington nacido en Westmoreland, Virginia, América Británica, el 22 de febrero de 1732 fue el primer Presidente de Estados Unidos entre 1789 y 1797. 

George Washington fue también Comandante en Jefe del Ejército Continental revolucionario en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos (1775-1783). Muchos lo consideran el Padre de la Patria y es uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos junto con John Adams, Benjamin Franklin, Alexander Hamilton, John Jay, Thomas Jefferson y James Madison.

El Congreso Continental designó a Washington Comandante en Jefe del Ejército Continental en 1775. Al año siguiente, los británicos fueron desalojados de Boston, perdieron la ciudad de Nueva York y fueron derrotados en Trenton, Nueva Jersey, ante la sorpresa que causó Washington cruzando el río Delaware. Debido a su estrategia, fuerzas revolucionarias capturaron a los dos ejércitos principales de combate británicos en la batalla de Saratoga y en la de Yorktown. En negociación con el Congreso, los estados coloniales y los aliados franceses, mantuvo un ejército débil y una nación frágil en medio de las amenazas de desintegración y fracaso. Después de liderar la victoria estadounidense en la Guerra de la Independencia, renunció a sus cargos militares y regresó a la vida en su plantación de Mount Vernon, acto que le trajo aún más renombre.

En 1787, presidió la Convención de Filadelfia que esbozó la Constitución de Estados Unidos y en 1789, fue elegido de manera unánime como su primer presidente. Trató de crear una nación capaz de sostener la paz con sus países vecinos. Su Proclama de la Neutralidad de 1793 sirvió de base para evitar cualquier implicación en conflictos extranjeros. Apoyó los planes de construir un gobierno central fuerte mediante el pago de la deuda nacional, la aplicación de un sistema fiscal eficaz y la creación de un banco nacional. Washington evitó la guerra y mantuvo una década de paz con Gran Bretaña con la firma del Tratado Jay en 1795, a pesar de la intensa oposición del Partido Demócrata-Republicano. Aunque nunca se afilió oficialmente al Partido Federalista, apoyaba su programa. Sus dos períodos de gobierno establecieron muchas políticas y tradiciones que existen hasta el día de hoy.

Antes de la finalización de su período de gobierno se retiró nuevamente a la vida civil, estableciendo un importante precedente de transición pacífica que ha servido de ejemplo no sólo en Estados Unidos sino también en otras repúblicas. El Discurso de Despedida de Washington fue una introducción a la virtud republicana y una severa advertencia contra el partidismo, la sectorialización y la participación en guerras en el extranjero. Se le concedió la primera Medalla de Oro del Congreso con el agradecimiento de la Cámara en 1776.

Washington murió en 1799 debido principalmente a un tratamiento para su neumonía, que incluía calomelanos y sangrías, resultando en una combinación de choque hipovolémico, debido a la pérdida de cinco pintas de sangre, así como la asfixia y deshidratación. Henry Lee III fue quien pronunció la oración fúnebre, donde declaró que Washington fue el “primero en la guerra, primero en la paz y primero en el corazón de sus compatriotas”.

Los historiadores frecuentemente lo han considerado como uno de los más grandes presidentes de Estados Unidos.

Presidencia de Estados Unidos

El Colegio Electoral eligió unánimemente a Washington en las elecciones de 1789 y otra vez en las elecciones de 1792, con lo que sigue siendo el único presidente que ha recibido el 100 % de los votos electorales. En su toma de posesión, John Adams fue elegido vicepresidente. Washington tomó el juramento del cargo como primer presidente bajo la Constitución de los Estados Unidos de América el 30 de abril de 1789, en el Federal Hall de Nueva York, aunque, al principio, él no había querido el cargo.

El primer Congreso de Estados Unidos votó a favor de pagar a Washington un sueldo de $25.000 al año, una gran suma en 1789. Washington, que ya era rico, se redujo el sueldo, ya que valoraba su imagen como un servidor público desinteresado. A instancias del Congreso, sin embargo, finalmente aceptó el pago, para evitar crear un precedente por el cual la presidencia sería percibida como un cargo independiente limitado solamente a personas adineradas que pudieran servir sin sueldo. Washington atendió cuidadosamente a la pompa y la ceremonia del cargo, asegurándose de que los títulos y los símbolos republicanos no emularan nunca las cortes reales europeas. A tal fin, prefirió el título ‘Señor Presidente’ a tratamientos sugeridos más majestuosos.

Washington demostró ser un hábil administrador. Un excelente delegador de funciones y un juez de talento y carácter, que mantuvo reuniones periódicas para debatir cuestiones del gabinete antes de tomar una decisión final. En el manejo de las tareas de rutina, fue “sistemático, ordenado, enérgico, preocupado de la opinión de los demás, pero decisivo, decidido a los objetivos generales y con coherencia en las acciones particulares con ellos”.

Washington sirvió un segundo mandato como presidente a regañadientes. Se negó a postularse para un tercero, estableciendo así la política habitual de un máximo de dos mandatos para un presidente, que más tarde se convirtió en ley por la 22ª Enmienda a la Constitución.

Washington no fue miembro oficial de ningún partido político y él esperaba que no se formara ninguno, por temor a los conflictos y el estancamiento que se derivaría. Sus asesores más cercanos, formaron dos facciones, sentando las bases para el futuro sistema de partidos.

Discurso de despedida

El Discurso de Despedida de Washington (publicado como una carta pública en 1796) fue uno de las declaraciones más influyentes de los valores políticos de América. Dio consejos sobre la necesidad e importancia de la unión nacional, el valor de la Constitución y el Estado de Derecho, los males de los partidos políticos y las virtudes propias de un pueblo republicano.

El Discurso de Washington advirtió contra la influencia extranjera en los asuntos internos y la injerencia norteamericana en los asuntos europeos. Advirtió contra el partidismo amargo en la política interna y pidió a los hombres a ir más allá y servir al bien común. Advirtió contra las “alianzas permanentes con cualquier parte del mundo exterior” y dijo que Estados Unidos debe concentrarse principalmente en los intereses norteamericanos. Él aconsejó la amistad y comercio con todas las naciones, pero advirtió contra la participación en las guerras europeas y entrar a largo plazo en el “enredo” de las alianzas.

Los dos últimos años de su vida los dedicó a cuidar de su familia y sus propiedades, salvo una breve interrupción, en 1798, cuando se le nombró comandante en jefe del ejército ante el peligro de una guerra con Francia. El prohombre de la independencia, el que fue “el primero en la guerra, el primero en la paz y el primero en el corazón de sus compatriotas”, enfrentó el final con su serenidad característica, la misma que le había permitido afrontar el peligro de los campos de batalla con absoluta tranquilidad. Como escribió Jefferson: Washington era un hombre inaccesible al temor.

 

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