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Seguro te sorprenderás
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Seguro te sorprenderás

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Admito que no soy inteligente, si entusiasta y muy perseverante, por eso he aprendido a escuchar a aquellos que te quieren de verdad y desean lo mejor para ti. Eso no quiere decir que todo lo que te sugieren debe de ser aplicado, pero si no escuchas, si no disciernes, jamás podrás crecer como ser humano. Uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida me lo dio mi esposa hace no mucho tiempo cuando me dijo, “ten mucho cuidado con las personas que vienen a ti para hablar mal de los demás, porque luego irán a hablar mal de ti a los demás”. Y la premisa encierra una gran verdad ya que, quien no mide sus comentarios acerca de terceros, finalmente habla mal de todo el mundo. Lo que este tipo de persona trata de hacer es disimular su insignificancia llevando chismes (cada vez más espectaculares e inverosímiles) hasta aquellos oídos que quieran escuchar, por lo que deben nutrirse permanentemente de carroña para sentirse importantes.

Esas mismas personas son las que también vienen a ti y te dan cátedra de vida, te indican cómo y de qué manera resolver tus problemas, azuzándote lo más que pueden para que hagas lo que ellos te aconsejan… pero no hacen. Es que resulta muy fácil decir que hacer cuando no se sufren las consecuencias en la propia piel. Por eso se prudente, mira muy bien quien y porque te dice las cosas y, sobre todo, fíjate si lo que dice con la boca lo predica con el ejemplo. Si no es así lo mejor es dejarlo correr.

Cuanta una historia que cuando la hiena se puso a reír, la jungla entera se asustó.  “¿De qué se ríe?”, se preguntaban los demás animales. Era raro que una bestia tan cruel como la hiena, que tenía fama de no sentir nunca piedad por nadie, se atreviera a reír con aquellas risotadas secas que parecían toses.

El perro era el que se mostraba más enojado, porque todo el mundo decía que la hiena se le parecía. “Quizá se me parezca en el aspecto externo, pero por dentro yo soy muy distinto” se quejaba el perro. “Yo puedo ser fiel, buen compañero y compasivo’, añadió.

Luego de un tiempo descubrieron finalmente que la hiena en realidad no se reía, solo imitaba la risa de los demás. “Ya lo entiendo”, dijo entonces el perro, “la hiena no sabe lo qué es la alegría y no entiende que muchas veces se disfruta más en silencio”. A lo que el ruiseñor añadió: “Es por eso que cuando se ríe da miedo, porque es una risa triste y sin fundamento. No sabe que antes de reírse hay que descubrir primero el verdadero motivo de la felicidad”.

Si quieres evitar malos momentos aprende a vislumbrar las verdaderas intenciones que se ocultan detrás de una sonrisa o una palabra, ya que eso es clave para saber el terreno donde pisas. Y si quieres saber que tan confiable son algunas de las personas que te rodean dales una buena historia sobre ti, de esas que sean imposibles dejar de contársela a los demás y siéntate a ver qué pasa… seguro te sorprenderás. Ya lo dice el libro ‘El arte de la Guerra’: “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”…

 

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