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Sergio Suárez, Fedejal, Melrose Park, Jalisco

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Sergio Suarez
Sergio Suarez

El miércoles pasado el Diario Milenio, edición Jalisco, publicó la historia de Sergio Suárez, Presidente de Fedejal. Últimas Noticias reproduce para Ustedes la publicación por considerarla una historia inspiradora acerca de los inmigrantes que llegan, trabajan, progresan y no se olvidan de su tierra.

La nota aparecida en Milenio el martes 24 de enero del corriente fue escrita por el periodista Ramón Rivas Urbe y dice lo siguiente: “Llegó en 1978 a Chicago donde trabajó en un taller de joyería y una fábrica, con el tiempo puso su negocio; ahora además preside una organización que busca apoyos para sus comunidades de origen y también capacitarse en los lugares donde residen.

La fuerza de los mexicanos que radican en Estados Unidos es importante porque ya está en todos los niveles, señala Sergio Suárez, agrega que sólo falta organizarse y unir esfuerzos para que se vea reflejada tanto en su lugar de residencia como en sus comunidades de origen. Él representa a la Federación de Clubes Jaliscienses en el Medio Oeste de ese país, vive en Chicago desde hace 33 años, pero nació el 29 de diciembre en 1960, en Juanacatlán.

Su infancia la recuerda con un papá al que sólo veía cada año porque se iba a trabajar de bracero y una mamá que tenía que hacer los dos papeles en el hogar. Señala que su madre los enseñó a trabajar, él y sus hermanos fueron boleros, vendedores de pan y entre otras cosas, pero sobre todo aprendieron a perderle la vergüenza. Dice que “fue una infancia feliz, tal vez algo limitada, pero me podía divertir y sobre todo nos enseñaron a valernos por nosotros mismos”.

La primaria la estudió en su pueblo y después se fue al seminario de Lagos de Moreno, donde cursó la secundaria, luego entró a la Prepa 2 de la UdeG, la que dejó sin concluir para irse al estado de México donde fue cadete de una compañía de máquinas tortilladoras, ahí estuvo hasta los 17 años. Después, su padre que estuvo indocumentado 20 años, tuvo la posibilidad de tramitar la reunificación familiar para él y otros de sus doce hermanos. Fue entonces cuando decidió ir a probar suerte, menciona que la sensación fue agridulce porque se enfrentó a otras costumbres, idioma y cultura en general, sucedió en julio de 1978. Unos meses después de haber llegado ingresó a un programa del gobierno por quince semanas para recibir capacitación, les daban clases de inglés para enseñarse a llenar solicitudes de empleo y también sobre la cultura de aquel país y ver la realidad mexicana. Eso fue algo positivo que hasta hoy recuerda que le fue de gran utilidad, además hasta les pagaban por estudiar. Ahí descubrió las cosas positivas y negativas del sitio de donde venía y en el que estaba, “pero lo importante fue que habría que tomar lo bueno de cada lugar”, recalca.

Algo que reconoce que no le tocó fue la soledad que pasan muchos inmigrantes que llegan a un lugar desconocido sin ninguna ayuda, él ya tenía a su padre y hermanos, entonces la transición fuera más cómoda. Su primer trabajo fue en un taller de joyería con amigos de su pueblo, después siguió por su propia cuenta, luego en una fábrica. También fue a una escuela de mantenimiento industrial y años después abrió su propio negocio de refrigeración comercial, el que tiene hace casi 26 años.

Ahora, además le interesa ayudar a través de la asociación a sus paisanos, han creando estrategias para destinar recursos a programas que se desarrollen en sus comunidades, a pesar de que en ocasiones las mismas limitantes son la falta de organización. Añade que “yo siento una gran deuda con mi lugar de origen porque ahí se formaron mis principios y valores que me dieron las herramientas de poder tener algo de éxito”. Sobre la añoranza de regresar a vivir a su pueblo donde nació, comenta que ahora ya forma parte de las dos comunidades y disfruta pasar temporadas en los dos lugares”.

La nota puede leerse en el siguiente link: http://jalisco.milenio.com/cdb/doc/impreso/9100660

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